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La Policía por dentro I

La Policía por dentro I

jueves 23 de diciembre de 2010, 18:21h
Actualizado: 06 de enero de 2011, 20:56h
Como consecuencia de la demanda laboral de miembros de la Policía del Regimiento “Quito” de la capital, devenido en “intento de golpe de Estado”, “secuestro” e “intento de asesinato” del Presidente Correa, gracias a un buen montaje mediático que deja pálido al genio de la propaganda nazi doctor Joseph Goebbels; hemos podido ver por dentro lo que significa ser policía.

“Su papel de ‘Estado en las calles’ la hace especialmente vulnerable a un sinfín de tentaciones. Su relación directa con el crimen y el delincuente, los habituales malos salarios de los agentes, la escasa valoración social que la ciudadanía le concede, y el hecho de circular armada y con un poder frecuentemente incuestionado en medio del común de la gente, son fuente casi insalvables de desviación  de sus funciones legales”, tomado de “La Reforma de la Policía Colombiana ¿Esperanza o frustración” del sociólogo Álvaro Camacho; más allá del análisis descarnado y crudo de la realidad de la Policía que nos hace Camacho, no es menos cierto que la vida del policía, es dramática; normalmente su origen es humilde y de la sierra; su formación es rápida, se requiere de inmediato más policías, no hay una selección rigurosa y peor un proceso formativo que le permita afrontar problemas muchas veces insolubles para su poca preparación académica y psicológica. Luego es “dado el pase” a un escenario jamás conocido, lejos de su familia, este ser humano se convierte en un verdadero paria; no hay un programa de  distracciones dirigidas, actividades culturales, deportivas, etc. normalmente termina encontrando en el licor falsos paliativos a su soledad.

Usualmente viven en áreas urbano-marginales, porque el policía es un marginal más; en su cuartel tampoco se siente valorado, al menor desliz  o acto de indisciplina es sancionado rigurosamente; por lo tanto se siente abandonado y desplazado tanto dentro del cuartel como fuera de éste.

Con los sucesos del 30-S, las “medidas” draconianas no se dejaron esperar; especialmente los policías miembros de la seguridad presidencial y de la Escolta Legislativa de inmediato fueron dados el pase; la televisión nos mostró de cómo viven los policías de la Escolta Legislativa (en un tugurio, hacinados), una ofensa a la condición humana.
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