No suele ser habitual que el presidente del Gobierno se pare en los pasillos del Congreso después de la sesión de control, pero este miércoles ha roto su costumbre para mostrar ante los periodistas su indignación por las críticas que ha recibido por su acuerdo con el
molt honorable president Artur Mas.
Las críticas más duras han sobrevenido, claro, de comunidades o ayuntamientos del PP, como
Valcárcel, desde Murcia, que ha alegado que su economía está saneada y que, sin embargo, no le permiten endeudarse más; o como desde Madrid, cuyo alcalde, el popular
Alberto Ruiz-Gallardón, ha convertido al Consistorio madrileño en el más endeudado de toda España -si no del mundo, proporcionalmente hablando- y que ha hecho de todo frente a
Zapatero para que le permita refinanciar su deuda, cuando no endeudarse más.
Pero las críticas también han venido desde el ámbito socialista, como el presidente de Castilla-La Mancha,
José María Barreda, que ha criticado el acuerdo Zapatero-Mas porque permite a Cataluña, según los datos de que se dispone, salvar los trastos del desastre financiero del
tripartit cuando lo mismo no se le permite al resto de los mortales.
Y contra esas críticas es contra las que Zapatero ha hecho visible y constatable su indignación en los pasillos del Congreso, después de recibir un duro chorreón político de Mariano Rajoy (PP) y de Josep Antoni Duran i Lleida (CiU), aunque por cuestiones diferentes. A la salida, Zapatero se paró frente a las cámaras y micrófonos en el pasillo y exigió “rigor” a todos, a propios y extraños, en este tema peliagudo.
Dijo, entre otras cosas, que no le ha dado al presidente de la Generalitat nada más que lo que está en la ley: “La ley ha estado presente antes, durante y después de la entrevista”, repitió Zapatero una y otra vez, alegando que Cataluña ha presentado un plan de estabilidad que tiene que ahora que desarrollar y que lo autorizado es lo que está dispuesto en la ley, siempre y cuando la Generalitat cumpla el compromiso de estabilidad financiera y presupuestaria y el objetivo de reducción del déficit al que se ha comprometido para finales de este año. “Eso lo pueden hacer todos, respetando la ley”, dijo Zapatero, visiblemente malhumorado.
Rajoy le puso las 'pilas'
Claro, que Zapatero salía ya ‘contento’ del hemiciclo, donde el líder del PP, Mariano Rajoy, le había puesto las ‘pilas’. En la sesión de control, Rajoy le llamó de todo menos ‘bonito’, y le recordó que con él, con Zapatero, la pérdida de poder adquisitivo de los españoles ha sufrido una importantísima regresión, amén, claro, del preocupante nivel de paro. “Son datos muy duros”, le había dicho Rajoy, al constatar con cifras la bajada del nivel de bienestar en los españoles.
“Los españoles pagan las consecuencias de sus errores”, le había reprochado Rajoy, quien no tuvo piedad para lanzarle a la cara la siguiente afirmación: “Usted no ha estado a la altura de las circunstancias, y sus errores los pagan millones y millones de ciudadanos”.
Luego, el relevo lo cogió el líder de CiU, Josep Antoni Durán i Lleida, que reprochó al presidente haber perdido una magnífica oportunidad de lograr un gran pacto político en el tema de las pensiones y la reforma laboral: “El Parlamento no debe sumarse [a un acuerdo entre Gobierno, sindicatos y empresarios], sino que debe ser el protagonista de cualquier acuerdo”.
Las palabra de uno y de otro encendieron a Zapatero, quien incluso elevó el tono de voz para replicar a Rajoy y que llegó a decir que mentía a Durán i Lleida: “No puedo estar de acuerdo con usted”, le dijo al portavoz de CiU, porque a su grupo se le informó “de todo” antes, durante y después del citado acuerdo sobre las pensiones: “Usted ha tenido protagonismo”, le reprochó.
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