Alarte, el pato cuyo graznido no produce eco
lunes 23 de mayo de 2011, 01:50h
Actualizado: 23 de mayo de 2011, 16:51h
Jorge Alarte ha obtenido los peores resultados de la historia del PSPV y Francisco Camps ha mejorado su mayoría absoluta.
Podemos hacer muchos análisis, podemos justificar o no cualquier resultado en función de la “jeta” que le echemos los analistas a nuestras propias querencias pero lo que no cambiará de ninguna manera es el guarismo: 55 escaños el PP 33 el PSPV. El mejor resultado de la historia del PP, el peor resultado de la historia del PSPV.
Durante cuatro años un espectral PSPV ha estado dormitando como la cigarra de Esopo. En lugar de trabajar, optó por gritar corrupción, corrupción y más corrupción sin ser capaz de articular no ya un programa coherente de respuesta al gobierno del PPCV, ni tan siquiera respuestas concretas a problemas concretos.
Muchos lo vimos venir y lo advertimos y hasta lo escribimos. Antonio Asunción dio un paso al frente desde su cómodo y plácido silencio político de 10 años e intentó regenerar la propuesta socialista a la sociedad valenciana previendo el desastre.
Acompañado de un grupo nutrido de honestos y valerosos militantes optó por ser candidato en unas primarias que se definieron opacamente y se resolvieron con turbios manejos. El hoy fracasado Alarte, el hombre que ha llevado el PSPV a la más profunda de las simas electorales hasta hoy imaginadas, el candidato que ayer no consiguió ni tan solo convencer en su pueblo, no jugó entonces limpio y, como el tahúr de ventaja, utilizó cuanta marrullería tuvo a su alcance para impedir el advenimiento de la regeneración.
Muchos fuimos los que le advertimos de que la singladura desnortada que había emprendido solamente podía llevarle al naufragio. Confieso que ni en la peor de mis pesadillas creí que vería al PSPV en el más abisal e histórico de los agujeros electorales, por más que preví la catástrofe y avisé sobre ella desde estas mismas páginas.
La democracia es demoledoramente simple: si no tienes proyecto y no plasmas tu visión de la sociedad en un programa concreto, no tienes nada. Nada. Alarte ha conseguido exactamente eso: nada. Incluso menos que nada: menos votos, menos escaños, menos afiliados que nunca.
La debacle del PSPV es la respuesta de una sociedad que le ha visto el plumero a un holgazán que no ha trabajado ni por los suyos ni, por supuesto, por el resto de la sociedad valenciana. Con una miopía digna de figurar en los anales de la majadería política, no ha dimitido y ha tenido el cuajo de echar la culpa a la crisis económica. Aut caesar, aut nihil, la diferencia es que Cayo Julio César no solo tenía una inteligencia como doce veces la de Alarte, además tenía una visión política infalible al servicio de Roma.
Yo sigo, decía Joe Rígoli, un cómico de los 70 que acuñó la ocurrencia para insistir en que, aunque sus chistes fueran malos y su gracia escasa, él seguiría. Así ahora, Jorge Rígoli Alarte, dice sin que le tiemble el pulso, que él sigue, que por supuesto que sigue, que vamos, que faltaría plus, que él sigue porque la culpa es…, es…, ¿De quién es, Luna? Ah, sí, de ZP ¿no?
La denuncia de los miles de ciudadanos acampados exigiendo Democracia Real Ya iba directamente contra este tipo de políticos, personas de tan poco honor como valentía y vergüenza, capaces de seguir hundiendo y traicionando las siglas a las que les deben todo cuanto son, por poco que hoy sea eso, con tal de mantener calentito el trasero en la poltrona otros cuatro años más.
Ha llegado el momento de poner en práctica la exigencia hasta ahora inane de regenerar el sistema político español. Alarte debe irse. Alarte no puede seguir ni un segundo más siendo secretario general del PSPV y, si tuviera el pundonor y la decencia que un político serio y entregado a su sociedad debe tener, ni siquiera tomaría posesión de su acta de diputado. En este momento resulta obvio decirlo: el PSPV tiene como dirigentes a personas que en otro concepto más elevado de la política no se les aceptaría ni como afiliados de ningún partido serio. Alarte y los suyos deben irse. Ya. Sin más dilación. Y si no lo hacen de manera voluntaria, los afiliados y simpatizantes del socialismo valenciano deben obligarles a irse. Este sí sería un paso eficaz de democracia real ya: obligar a Alarte a irse. Tal vez habrá que trasladar el campamento desde la plaza del Ajuntament a Blanquerías.
Igual que el cuac del pato no produce eco, el graznido electoral de Alarte no ha producido votos y sí defecciones en masa. Alarte, vete ya porque ha llegado el momento: o regeneración del PSPV o chao pescao..