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El PSOE, privatizado

lunes 23 de mayo de 2011, 18:03h
Actualizado: 25 de mayo de 2011, 11:40h
La hornada de dirigentes socialistas que ha callado ante todos los errores de Zapatero ha logrado lo que Gómez denunciaba del PP: entre todos ellos, van camino de privatizar al PSOE, alejado como nunca de la esfera pública   De hasta qué punto Tomás Gómez ha sido artero, demagogo e irresponsable en la campaña electoral, da cuenta un dato no menor que si bien no es tan llamativo como sus hits electorales -el copago, la privatización y los negocietes de sus rivales-, a la postre resulta mucho más elocuente: el mismo que reclamaba a los votantes que hicieran una reflexión estrictamente madrileña; se va a servir de la situación nacional que exigía olvidar para no hacer lo que reclaman sus resultados.   Esto es, presentar su dimisión tras haber encabezado la mayor catástrofe del socialismo madrileño en la historia. Que nadie haya pedido aún su cabeza en público demuestra otra cosa del propio PSOE nacional: todo, desde la renovación en la federación más pequeña hasta los intereses objetivos del país, va a quedar vinculado a la estrategia de supervivencia interna de un partido que ha unido su futuro al del presidente visionario y sin contestación interna.   Hasta ahora, los socialistas perdían o ganaban. Desde ahora, y que esto pueda plantearse siquiera es una demoledora novedad, se enfrenta a su supervivencia: la dimensión del castigo; el contexto general de hundimiento económico;  la pérdida casi absoluta del poder municipal y regional; las luchas fraticidas por el control y los estragos laborales que genera la exclusión del poder político y económico colocan al PSOE en un lugar más peligroso que el de la derrota traumática.   Tomás Gómez ha sido la quintaesencia de ese fenómeno que subordina los hechos a las fantasías ideológicas y condiciona los discursos públicos a las meras necesidades tácticas internas, aprovechándose del deseo de creer de la gente, finalmente atropellada por una realidad primero negada, luego falseada y por último desatendida.     Zapatero se montó en la barca de Caronte para pasear a España hacia el reino de Hades. Pero nadie levantó la voz en el PSOE y ahora se enfrentan a algo más grave que una derrota descomunal   Poco importan las virtudes de la persona, que las tiene y son muy apreciables en la distancia corta; si el personaje elegido se olvida de ellas o las malversa buscando el crecimiento desde el miedo, la mentira o la destrucción del rival. Si Zapatero encomendó su futuro a una distorsión premeditada de los hechos, queriendo que la gente no confiara en sus propios ojos y criminalizando a quienes pedían que los abrieran; Gómez es un clon exacerbado que ha hecho buenos a todos los demás, renunciando a ser como en realidad es para forzar un violento e improductivo choque social con sus contrincantes.   Que ahora pueda sobrevivir pese a esa cataclismo y que sea uno más de tantos socialistas que van a utilizar su poder orgánico en lugar de su autoridad política para participar en la merienda sucesoria de Zapatero; sólo refleja la deriva mediocre de un PSOE sin ideas, sin contestación interna y sin alternativas.   Y no era tan difícil: hubiera bastado que tres o cuatro barredas se hubieran levantado a tiempo en cualquier reunión de la Ejecutiva Federal para decirle al presidente, en cualquiera de los escandalosos lances que ha librado, de las tropelías cometidas, de los dislates regulados; que ése no era el camino y que el PSOE no tenían ninguna obligación de acompañarle a la laguna Estigia.   Pero callaron todos, dejando que el caótico presidente privatizara un partido legendario sin decir ni mú. (Puedes seguirme en diariodealcala.es, eldigitaldemadrid.es, diariocritico.com, en Facebook y en Twitter)
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