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Pacto contra el estado de shock

Pacto contra el estado de shock

martes 24 de mayo de 2011, 16:25h
Actualizado: 28 de mayo de 2011, 19:59h
Después  del  demoledor tsunami popular y de que los electores jugaran al punching-ball con el PSOE en las urnas solo un pacto Zapatero-Rajoy puede lograr una hoja de ruta razonable para un país en estado de shock. Los indignados han tomado el país que ha acabado vestido de azul tras la noche del 23-M. Los más jóvenes y creativos llevan casi diez días acampados en las principales plazas del país como muestra de descontento permanente con el Gobierno y con el sistema político. Y su movimiento de una manera u otra va a seguir gritando y pidiendo soluciones. Los indignados que acudieron a las urnas no se van a contentar del todo después de desalojar a los socialistas de casi todos sus centros de poder municipal y autonómico. Apuntan directamente a la Moncloa como Mariano Rajoy y son un coro unánime, al decir como el líder popular, que “este Gobierno no está en condiciones” para afrontar la que se viene encima: el aumento de la prima de riesgo, los altos tipos de interés, el escaso aliento de nuestro crecimiento económico, el riesgo de contagio con  la desintegrada economía griega, el repunte posible del desempleo pasada la temporada de  verano, las nunca descartables arremetidas de las agencias de calificación… Demasiado para un Gobierno que puede penar durante los diez meses que quedan hasta las elecciones de marzo como una coreografía de zombies o un triller de muertos vivientes. En todo ese tiempo tiene una tarea agobiante y que parece superarle. Debe tranquilizar las aguas de su partido y lamerse sus heridas con dos únicas e imprescindibles tareas: elegir un nuevo líder que sustituya en los carteles a un Zapatero que convierte en derrota todo lo que toca e inventarse un programa electoral. El nuevo protagonista y su nuevo guión solo pueden interpretar una obra posible: reconciliarse con alguna parte de su electorado perdido –igual da a izquierda o a derecha- para tratar de evitar que el PP se vaya en las generales a una mayoría absoluta tan escandalosa como las del domingo pasado. Para colmo de males la música a todo ese debate interno la pueden poner todos y cada uno de los días los populares desde los escaños del Congreso, desde la presidencia de sus muchas comunidades autónomas, desde sus nuevas alcaldías, reclamando sin desmayo el fin de la legislatura y la nueva llamada a las urnas. Un país con ese griterío sería un país inestable pasto de los mercados condenado a hacer equilibrios de infarto sobre el filo de la navaja de la intervención europea. Ese país puede ser la última pesadilla de Zapatero pero también una herencia indigerible para Rajoy por mucho respaldo popular que le dieran las urnas: ¿o acaso se pueden pensar en Génova que un nuevo tsunami electoral a su favor les iba a liberar de la indignación popular, unos meses después, si, como parecería inevitable, el nuevo gobierno popular tendría irremisiblemente que adoptar nuevos recortes presupuestarios y sociales? No lo van a hacer, pero un pacto entre los dos sería beneficioso para todos, especialmente para el país. Sería un acuerdo para acabar la legislatura con la máxima estabilidad posible y con dos puntos exclusivos: tiempo y reformas finales. Y partiendo de la base de que cuando discutan sobre un anticipo electoral  están discutiendo de solo tres meses. Descartadas, por imposibles, unas elecciones en verano –además no daría ya tiempo a convocarlas- los plazos necesarios solo contemplan dos posibilidades: o se vota en diciembre o en marzo. Sería razonable un acuerdo entre los dos líderes para que el tiempo que quede sea lo más estable posible sin más bronca de la necesaria. Además el PP sabe que el PSOE necesita tiempo para preparar las generales. Y si no disponen de un mínimo la mayoría de sus afanes se volcarán en el partido y no en el Gobierno, lo que haría peor el futuro. Finalmente tiene poco sentido que Zapatero se empeñe en acabar o iniciar unas reformas, como parece decidido, que un nuevo Gobierno pudiera echar abajo en pocos meses. Sería un pacto necesario para una razonable transición a la próxima legislatura sin que aumente la indignación popular. Zapatero debería proponerlo y Rajoy aceptarlo. Pero me temo que no lo harán… Lea también: División también entre los diputados del PSOE ante las primarias Sáenz de Santamaría y Alonso retan a medir sus fuerzas en el Congreso El voto en blanco, otro 'partido' en las urnas
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