www.diariocritico.com
Escritos en libertad: Ayudas públicas para el entierro... industrial

Escritos en libertad: Ayudas públicas para el entierro... industrial

miércoles 27 de julio de 2011, 22:32h
Cada vez es más frecuente el papel de conseguidores que representan los comités de empresa. Urgidos por la necesidad, azuados en ocasiones por el chantaje o la prebenda, son los representantes sindicales  los que cumplen ahora con la poco social  función de pedir subvenciones públicas para las empresas a cuyos trabajadores dicen representar y defender. Lejos queda su papel histórico de representantes de los compañeros en la desvirtuada dialéctica de la igualdad ante el desequilibrio consustancial  del capitalismo. Y los políticos, en función del presentido baremo del voto que pueden representar los teledirigidos pedigüeños, adoptan la decisión de entregar o no el dinero de los ciudadanos a los propietarios de las empresas,  los únicos que no salen nunca a escena. En todo caso, si todo acaba bien y el respetable aplaude, aparecerán en el corte de la cinta, que curiosamente significa el principio de otra nueva tropelía y pocas veces su fin. La comedia se repite con demasiada frecuencia en nuestra tierra. En las últimas semanas la representación inacabada tiene como protagonista a la firma Antibióticos de León. Los conseguidores de la farmacéutica  se han dirigido a la Junta y al gobierno central para pedir más apoyos,  lo cual significa que ha fracasado el proyecto anterior, para el que se habían previsto más de cuatro millones de euros. Así que el comité peticionario ha sido recibido por técnicos de la Consejería de Industria y políticos de segundo escalafón, quienes no han ocultado las naturales cautelas y han exigido pruebas de cumplimiento de lo pactado hace dos años antes de soltar más euros. No se puede pedir menos.   Durante los últimos años la Junta ha vivido acomplejada ante la prepotencia de quienes han maquinado con Antibióticos. Renombrados  políticos han preguntado en más de una ocasión, desde la “lejanía” de Valladolid, si Antibióticos sigue siendo el “buque insignia”, referente de la salud económica de la provincia y si suscitaría hoy el apoyo social multitudinario que en la pasada década reunió en la calle a miles de leoneses en una manifestación histórica. Con ese temor han jugado cuantos sinvergüenzas han traficado con una empresa que nació  impulsada por el Estado a finales de los cuarenta y que llegó a producir casi la quinta parte de la penicilina del mundo. La historia de las tropelías se escribe en dos renglones: De la mano de Abelló, uno de los socios iniciales, llegó Mario Conde como gestor desde el puesto de consejero delegado. Ambos se hicieron con el control mayoritario de la sociedad en poco tiempo y en el año 1987 la vendieron al grupo italiano Montedison en casi 60.000 millones de pesetas. La empresa tenía mil empleados y ganaba 5.000 millones de pesetas al año. Un buen momento para vender, sin duda. La venta chocaba con trabas administrativas en un Estado tan intervencionista como el español, así que un buen día Felipe González personalmente dio el visto bueno a la operación, al parecer después de algún intercambio con el también primer ministro Bettino Craxi. El sindicato Manos Limpias denunció cobros de comisiones en Italia. Mario Conde nos confesaba hace unos meses en León que le había resultado sorprendente que de pronto Felipe González le llamara a él y a Abelló a la Moncloa y allí les comunicara el visto bueno para la venta de la empresa española. Poco después ocurriría lo mismo con la aceitera Elosúa, puerta que igualmente sirvió a la misma familia italiana,  Ferruzzi, para controlar el mercado del aceite español. Volvamos a Antibióticos. Mario Conde afirma que ganó en la operación 13.500 millones de pesetas “limpios”. Su socio Juan Abelló ganó más. Los italianos esquilmaron la empresa, se hicieron con la red comercial y alimentaron el crecimiento de las factorías de Italia. Cuando la vaca ya estaba seca, pasaron el testigo a la también italiana Sir Fidia, que igualmente presentó planes de salvamento con las consiguientes y generosas ayudas públicas.   Y ahora entra en escena Enerthi, una empresa dedicada a las energías renovables que después de comprar la empresa ha llegado a la conclusión de que la penicilina no tiene futuro en el mundo, pero sí el farnesano, un producto que fabricarán para una empresa americana, Amyris. Se trata de un ingrediente base para productos como cosméticos, saborizantes, lubricantes, diesel renovable, combustible para aviones... Amyris tiene centros de producción  “subcontratados” en varias puntos del mundo y Antibióticos León pasaría a ser un fabricante más de un producto de otros.   Antibióticos corre el peligro de convertirse, con la “diversificación” prometida, en  rehén de quienes utilizarán las instalaciones leonesas como simple plataforma de producción, carente del valor añadido comercial e investigador. Aquí parece que se ha terminado aquella gloriosa etapa de los descubrimientos progresivos de nuevas cepas de antibióticos.   Malos presagios. Todo lo que no sea innovación está condenado al fracaso. El farnesano, como ahora ocurre con la penicilina, algún día se podrá fabricar más barato, pongamos por caso, en China. Y no habrá ayudas públicas que puedan cubrir la diferencia. Las ayudas así previstas no tienen más alcance que esas cuotas que sirven para pagar el entierro propio. Fernando Aller. Periodista.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios