Una investigadora española, Consuelo Guerri, ha destinado los 25.000 euros del premio que reconocía su trayectoria profesional a sufragar los salarios de su equipo. No hay mucho que decir sobre el particular. Desde luego, no es millonaria, como pudiera pensar algún malpensado. La mujer, de 60 años, trabajadora en el Centro de Investigación Príncipe Felipe, de Valencia, como jefa del laboratorio de patología celular, contaba a ElMundo.es que "con los recortes, mantener a la gente será cada vez más difícil", y añadía que “era el único dinero con el que puedo hacer lo que quiera y, por tanto, puedo destinarlo a seguir pagando a un becario al que le caduca el contrato".
Una semana después de que esta noticia diera la vuelta al país, abría una librería. A alguien se le ha ocurrido abrir una librería en este país. Es tremendo. Tras la crisis que, tal como recogía recientemente El Norte de Castilla, se ha llevado por delante alrededor de un millar de establecimientos comerciales en Valladolid en los últimos cuatro años, una tarde de septiembre la ciudad cerraba su jornada mercantil con un nuevo rótulo, A pie de página, situado frente a la facultad de Derecho. De otras ciudades no se sabe nada, no hay noticias fidedignas, pero, por lo que pudo comprobarse en este caso concreto, el empresario, el escritor y columnista Enrique Señorans, no ofrecía síntomas evidentes de encontrarse bajo los efectos de un golpe de calor.
En la misma semana en que se inauguraba esta librería, una mujer, María Jesús Becerril, firmaba en otra cercana, Oletvm, ejemplares de su libro “La vida”, una historia de amor y memoria, muy personal, ambientada en parte en una capital cercana cuyas acequias siempre fueron tan traicioneras como las sirenas que se la querían jugar a Ulises. Más de uno se cayó en ellas. Era a primera hora de la tarde y, para intranquilidad de los editores porque la tirada era muy reducida y se había formado una larga cola, la autora se achicharraba de calor firmando ejemplares de un relato cuyos beneficios nunca verá porque los ha destinado íntegramente a una asociación de enfermos de Alzhéimer. Como el librero o la investigadora, tampoco presentaba síntomas sospechosos.
En las mismas fechas, no muy lejos de allí pero más hacia el sur de la ciudad, en una galería de arte situada cerca de la plaza de toros, seis artistas colgaban sus obras. Era un viernes bastante caluroso, al anochecer. Las agrupaban en una exposición vanguardista, “Valladolid-Salzburgo”, que recogía un intercambio plástico fabricado, como en los tres casos anteriores, a golpes de ensueño. Y sin subvenciones oficiales. Las obras de Mariano Olcese, Darío Álvarez, Miguel Isla, Ferdinand Götz, Erich Gruber y Roman Wagenbichler que figuraban en las paredes de La Maleta y que eran, en el fondo, una puerta abierta a la contemplación de otros mundos muy diferentes a los que aquí se acostumbra a prestar atención, viajarán a Austria en breve.
¿ Qué se hace con gente así en este país ?
Antonio Álamo. Periodista.