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Derecha, izquierda y Mariano Rajoy

Derecha, izquierda y Mariano Rajoy

sábado 30 de noviembre de 2013, 12:10h
Hace ya mucho tiempo que sé que, como decía Luis Martín Santos, las diferencias entre derecha e izquierda estriban en una cuestión de corbatas más o menos entonadas; es decir, son más estéticas que éticas o conceptuales, especialmente en un mundo cada vez más globalizado. Sobre todo, en una Europa cada vez más cerrada en sí misma frente a la ventisca exterior. Así que decir que Mariano Rajoy es un líder de la derecha o que Alfredo Pérez Rubalcaba lo es de la izquierda ya me parece mucho decir, por varios y multicolores conceptos que dejo a la imaginación del lector y al estudio de las encuestas.
 
Por lo mismo, yo no me atrevería a considerar propia de un Gobierno de derechas ese proyecto de ley de Seguridad Ciudadana que tantas atribuciones deja a la imaginación del Ejecutivo o del Judicial de turno. De acuerdo: Don Jorge Fernández Díaz, el ahora severo y antes tan simpático ministro del Interior, se ha convertido en un intransigente religioso, pero ni eso basta para desacreditar una ley, ni basta para acreditarla el hecho de que muchos excesos callejeros quedasen impunes. Y algo semejante podría decirse del otro gran acontecimiento continuado de la semana, los desmanes de la UGT andaluza, que han derivado en, al fin, la dimisión de su líder máximo, Francisco Fernández Sevilla, quien, él sí, se cree víctima de una 'maniobra de la derecha'. Y se fue, sin más, dejándonos ayunos de explicaciones sobre su controvertida gestión plagada de mariscadas y maletines (falsos) de piel. ¿Es lo de UGT un conflicto izquierda-derecha? ¿Lo son el 'caso Gürtel' -a ver cuándo termina la instrucción, por cierto-o el 'affaire Bárcenas'?
 
Claro que no. Todos los escándalos muestran una manera errónea de gobernar a los ciudadanos, independientemente del descolorido color político. Por eso hay que pedir, reiteradamente, un cambio radical en la forma de representar a los españoles. Ahora le toca a Rajoy, porque es quien está en La Moncloa. Si estuviese Rubalcaba, a quien, en nombre de la izquierda, le impiden hablar en una Universidad española, pues tendría que ser él quien escuchase el clamor de una calle que no se siente bien gestionada por sus políticos, y mire usted que lamento tener que generalizar de esta forma.
 
Por tanto, a Rajoy, aquí y ahora, hay que pedirle una sonrisa más amplia para con sus gobernados, un vuelo más elevado para con su país, una transparencia y participación mayores para con el ciudadano de a pie. Me gusta, claro, verle tratar con Hollande (¿es esa la izquierda europea?) y con Cameron (¿prototipo de la derecha?) acerca de los separatismos en Europa, algo que el 'premier' británico entiende de una manera y Artur Mas, que anda mosqueado como un pavo en thanksgiving, de otra. A ver si un día de estos el escasamente carismático presidente del Reino de España se nos a va a levantar como un líder silencioso de la unidad de la UE...Tiempo al tiempo.
 
Pero ya digo: ni los desastres derivados del varapalo de Estrasburgo a la 'doctrina Parot', ni las advertencias de Aznar en el sentido de que lo peor que le puede pasar a la aún joven democracia española es que 'la derecha se fragmente', tienen lo más mínimo que ver con esa imaginaria pugna entre las ideas de izquierda y derecha, que más corresponden al XIX que a nuestros días. Ni, desde luego, tiene relación alguna con la destilación de las ideas de la izquierda el choriceo en un sindicato que, de todas formas, no sabe muy bien a dónde va, ni el boicot a una conferencia del secretario general del PSOE por parte de medio centenar de 'indignados', que han conseguido con ello titulares con los que jamás hubiesen soñado por sus propios merecimientos.
 
En mi opinión, todo lo antedicho son detalles coyunturales: lo verdaderamente serio es que ni la derecha ni la izquierda teóricas, aquí en España, son capaces de reconocer lo que el país que es el motor de Europa ya ha descubierto hace años. Es decir, que solamente el pacto hace avanzar, en momentos de crisis generalizada, a las sociedades. Y conste que ya no recuerdo qué ministerios les han tocado a los socialdemócratas y cuáles a los democristianos -a ver si usted puede diferenciarlos, por cierto, de los liberales-en esa 'grosse koalition' que aquí, en casa, nos hubiese resultado tan útil hace cinco años y que habría hecho que algunas de esas memorias de falsos estadistas que pueblan los anaqueles de las librerías hubiesen contenido muchas menos páginas de autojustificación. Y bastantes menos catástrofes económicas y políticas.


- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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