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¿Ricos, estúpidos o dilapidadores?

¿Ricos, estúpidos o dilapidadores?

martes 13 de noviembre de 2007, 21:36h
Actualizado: 15 de noviembre de 2007, 07:24h
A principios de los años setenta publiqué un articulo en Cambio 16 titulado “La segunda casa”. Explicaba que en los pueblos y en las incipientes urbanizaciones alrededor de Madrid, había muchas casas pero prácticamente nadie vivía en ellas todo el año. Eran segundas residencias. Como ejemplo un familiar mío vivía en Clara del Rey, trabajaba en Plaza de España y tenia su segunda residencia en la carretera del Plantío. Llegaba antes al trabajo desde su segunda casa que desde su domicilio habitual. En aquella época  yo me dedicaba profesionalmente a los estudios de mercado, y era difícil convencer a los clientes de las multinacionales, que las muestras había que limitarlas al casco urbano de la villa y corte.

No lo entendían y hacían comentarios de lo ricos que debían ser todas estas familias españolas que podían permitirse tener una segunda casa a tiro de piedra de su residencia habitual.Valga esta introducción para decir que España, y Madrid se ha desarrollado y ahora el área metropolitana de Madrid prácticamente llega hasta El Escorial y San Martín de Valdeiglesias por el Noroeste, y hasta Guadarrama por el norte. Y digamos que hasta Navalcarnero por el oeste.

Como bien es sabido los atascos de entrada a Madrid en las horas punta  por las carreteras A6 de la Coruña, por la Avenida de las dos Castillas y Puente de los Franceses y por la A5 de Extremadura son inacabables.Hace unos meses se inauguro un tren ligero que enlaza la línea de metro en la estación de Colonia Jardín con el pueblo de Boadilla. En principio esta línea de tren ligero podría prestar servicio a los pueblos de Boadilla, Villaviciosa de Odón, Brunete, Villanueva de la Cañada. Valdemorillo y Sevilla la Nueva, así como a las numerosas urbanizaciones alrededor de ellos.

Desde cualquiera de estos pueblos para ir a Madrid hay que pasar por Boadilla y desde aquí en la hora punta, entre 7´30 y 9´30 de la mañana, se tarda entre cuarenta y cinco minutos y una hora en llegar a Madrid en coche, digamos al barrio de Chamberi. Luego  hay que aparcar el coche, supongo que en muchos casos pagar aparcamiento y regresar por la tarde con un tiempo de coche parecido.

El tren ligero desde la última estación Puerta de Boadilla hasta Colonia Jardín tarda 30 minutos, la frecuencia es de diez minutos. Rara vez hay que esperar más de cinco minutos para que el tren ligero empiece el recorrido. El trasbordo en Colonia Jardín es fácil, y en la linea 10 se llega a Alonso Martínez en 20 minutos.

En resumen con muy mala suerte habremos tardado una hora desde la estación Puerta de Boadilla hasta  la calle Génova.  Es decir que en horas punta el tiempo en coche o en transporte público es el mismo.  Igual al  regreso. Creo que es obvio que el precio de metro y tren ligero ida y vuelta es inferior al costo de la gasolina empleada en recorrer los casi 50 kilómetros  de ida y vuelta.

Pues bien, ya hace varios meses que funciona el tren ligero y  en la estación Puerta de Boadilla han habilitado un magnifico aparcamiento.El aparcamiento esta desierto y solo lo utiliza algún raro o despistado como yo. Los atascos continúan cada mañana. ¿Como se puede explicar esto?.Yo no alcanzo a explicármelo. Al  igual que no me explico la poca tasa de utilización del bus vao en la carretera de la Coruña. Probablemente al igual que pasaba en los setenta con las casas, nos creemos mucho mas ricos de lo que somos.

A lo mejor las autoridades tienen que tomar medidas que serian impopulares, pero podrían ser efectivas para forzar la utilización del transporte público. Por ejemplo una tasa peaje de entrada en Madrid para todos los coches conducidos por no residentes en la capital. También se podría aumentar el precio de los parking haciendo el precio inversamente proporcional a las horas de estancia, más horas más coste  por hora.La tercera y cuarta   hora más cara que la primera y segunda, y la quinta y sexta más que la  tercera y cuarta y así sucesivamente hasta un límite de diez. Luego todas igual que la primera. Así se penaliza al que se desplaza en coche al trabajo, y se prima la no utilización del automóvil.
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