El asesinato de Danilo Anderson es el caso emblema del Gobierno en materia de investigación policial y evidencia los avances alcanzados en apenas nueve años de revolución. La rápida acción de los especialistas, la categórica actuación de la Fiscalía y la no menos ágil participación de los tribunales, resolvió con claridad y sin lugar a dudas un suceso que por sus implicaciones no podía terminar de otra manera. Y más cuando la víctima fue un prócer del proceso, un adalid de la revolución. Un mártir.
Otros casos se acumulan en la vitrina de triunfos de la policía revolucionaria. Los investigadores locales agregaron trofeos y reconocimientos por la incuestionable efectividad demostrada en el esclarecimiento del maletinazo en Buenos Aires. En menos de dos semanas ya la Fiscalía había logrado la plena identificación de los implicados, dibujó la red que está detrás de tanto billete suelto, los tribunales emitieron órdenes de captura y los organismos policiales internacionales, acatando requerimientos de la revolución, atraparon a todos los traficantes de dólares involucrados, quienes en algún momento pensaron que la buena compañía de funcionarios de Argentina y de Pdvsa los salvarían de la mano inapelable de la justicia. Ingenuos que son.
El poder popular no puede estar más satisfecho. Las matanzas que Pedro Carreño atribuye al sicariato contratado por la oposición para desestabilizar al Gobierno y que todo el mundo sabe que es parte de la campaña mediática que impulsa el imperio desde Washington, no hace perder tiempo a las fuerzas del orden público. El experto Carreño sabe que esos muertos no existen y, en consecuencia, todas las policías dedican su valioso tiempo a cosas más útiles como derrotar la verdadera delincuencia y abatir la corrupción.
Es así como han podido resolver el choreo gigantesco del Central Azucarero Ezequiel Zamora, las ventas con sobreprecio de edificios comprados por la misma revolución, los mil millonarios recursos destinados a Vargas, las obras públicas que comienzan y no terminan nunca, las tomateras fantasmas y otras empresas cogestionadas y las triquiñuelas con los dólares de Cadivi. A paso de vencedores han logrado aniquilar, como si se tratara del capitalismo salvaje, a mafias dedicadas al peaje institucional para obtener desde un pasaporte hasta una solvencia. Más nunca han aparecido funcionarios o jefes del proceso con dólares en efectivo en mochilas o aviones privados, las redes del narcotráfico tuvieron que mudarse de Venezuela y el Caribe ante el empuje justiciero del socialismo militar. La infatigable policía, dinamitó hasta las bandas de cobradores de puestos que azotaban a los buhoneros.
El próximo reto lo lanzó el líder cosmogónico. Hay que investigar el asesinato de Bolivar. Con la fiabilidad y fortaleza de las policías del proceso, será una mantequilla. Harán historia.
Elides J. Rojas
Periodista
Director de Información de El Universal (Venezuela)
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