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Un monárquico llamado Pablo Iglesias

Un monárquico llamado Pablo Iglesias

martes 14 de abril de 2015, 17:37h
Hay quienes se escandalizan por el hecho de que Pablo Iglesias y 'sus' eurodiputados hayan preferido encontrarse este miércoles con el Rey en el Parlamento Europeo antes que, como ha anunciado que hará Izquierda Unida, darle la espalda. Y no ha faltado quien, en las últimas horas, haya acusado al líder de Podemos de haber aceptado presentar a 'su' candidato en Madrid en los lujosos salones de un hotel en el que habitualmente celebra sus encuentros un foro de debate político-periodístico-empresarial. He mantenido no pocas controversias en las últimas horas, en algunas tertulias y en redes sociales, al respecto: cuánto me alegra, he dicho, que Podemos acepte pasar por las alfombras del Ritz -como el resto de las formaciones, por otra parte-y cuánto más me congratulo de que Iglesias y sus muchaschos/as 'transijan' con saludar a Felipe VI cuando este visite las instituciones europeas. Son señales de realismo frente a quienes, especialmente desde posiciones ultraconservadoras, quisieran que esta formación emergente, con la que, desde luego, nada me une, se mantuviese en su particular 'caverna' inflexible.

Soy optimista: creo que Podemos, que no es una alternativa de gobierno, pero sí de crítica al Gobierno actual y al que llegue, se está transformando. Ya no distribuyen anatemas de 'casta', quizá porque han visto demasiado de cerca lo que la casta implica. Ya no hablan de sacar a España de la OTAN, ni de jubilar a la mitad de los habitantes de este país. Ya sé, ya sé, que Pablo Iglesias no se nos ha hecho monárquico, pero también sé que difunde la loca especie de que, si el ciudadano Felipe de Borbón y Grecia se presentase a unas elecciones para presidente de la República, las ganaría de calle. Es lo más antirrepublicano que he escuchado en tiempos, precisamente el día en el que se conmemoraba la República. Y me alegra.

Creo, lo he dicho muchas veces, que Podemos merece existir: canaliza el descontento en la calle y fuerza el espíritu reformista de partidos 'instalados' que no lo tienen. Sus dirigentes merecen el beneficio de la duda acerca de la sinceridad del cambio interno que han emprendido: no me verán, creo votándoles: no están capacitados -al menos todavía, y me parece que durante bastante tiempo-para gobernarnos. Pero sí me verán defendiendo que estos individuos, con los que nunca he logrado entrevistarme porque ellos no han querido, estén ahí, sobre todo si mudan a algo mejor.

- El blog de Fernando Jáuregui. `Cenáculos y mentideros´
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