¡Qué alivio!, el mandato de Chávez no podrá prolongarse indefinidamente. En el atípico evento electoral del domingo, la voluntad popular –cuyos resultados fueron escamoteados y pretendieron ser desconocidos– le puso un detente al Presidente para que no se pase de la fecha de vencimiento. Las aspiraciones para reelegirse como Fidel e implantar un régimen castrocomunista se estrellaron definitivamente en el referéndum.
Los sedantes ingeridos por prescripción facultativa poco le ayudaron y dio rienda suelta a la iracundia amenazando con sacar a los Tupamaros si no emitían un resultado favorable; tuvo que ser apaciguado el domingo por la noche en Fuerte Tiuna, obligado a aceptar su derrota frente al Alto Mando Militar y admitir –de los dientes para afuera– que su período expira definitivamente y para siempre en el año 2012.
¡Si es que llega! Fue un plebiscito. Esa sensación de que su mandato sufre de obsolescencia no es precoz, son nueve años de cambios vertiginosos, impregnados por una espectacularidad en las actuaciones, impropias para un jefe del Estado.
Además de la mediocridad, prepotencia, ineficiencia, impunidad y derroche de su bandada en el poder, de la violencia e inseguridad personal, y de los estragos producidos por la inflación y el desabastecimiento, se produjo un hartazgo hasta en sus seguidores, expresado contundentemente en las máquinas de votación.
Es lógico que, en un país donde todos los días el mandatario no hace otra cosa que insultar o pelearse con los presidentes de medio mundo, los ciudadanos se encuentren en un estado tal de agotamiento que no sólo su figura sino su propuesta revolucionaria resulten obsoletas, y haya una percepción de que su tiempo acabó.
Se trataba de votar por la Constitución de 1999 o por su abolición, sin embargo, Chávez lo convirtió en plebiscito cuando anunció con su proverbial altanería –incluso a través de cuñas violatorias a las normas electorales–, que votar por el Sí o por el No era hacerlo a su favor o en contra, y que de salir favorecido el No, teníamos que ir pensando en un sustituto.
Eso lo estamos considerando muchos. Todo tiene su fecha de caducidad, empezando por la tecnología, que cuando –por fin– la operamos con destreza, ya es vieja, o con los medicamentos que tienen fecha de caducidad. Chávez vs Scott. Hugo Chávez tiene su fecha de vencimiento y sus amenazas e intimidaciones no le dan resultados porque están caducas.
Este período presidencial es como un purgante, que por no alternarlo con otros tratamientos quedó sin efectos. Chávez me recuerda a la Emulsión de Scott, que sigue siendo (aunque le pusieron sabor a cereza) el mismo aceite de hígado de bacalao que nos tragábamos con cara de asco cuando niños, durante la dictadura familiar.
¡Qué repugnante era el sabor y olor de la fórmula original inventada por el señor Scott! Es hora de pensar en el cambio, sobre todo generacional, que haga olvidar lo amargo que hacen la vida los Scott o los Chávez Frías. Aunque uno sabía feo, generó vitalidad; el otro, además de convertirse en un ser abominable, nos dejará deficientes y con problemas de crecimiento.
Escoltas para Baduel: después del atentado sufrido por el general Baduel al salir del centro electoral donde votó, en la DIM plantearon devolverle sus escoltas, cambiados por agentes de esa dirección militar.
Final de fotografía: en zonas populares como Petare y en el mismísimo Fuerte Tiuna, considerados bastiones del chavismo, ganó el No. Este cuento terminó: cansada de pagar los platos rotos y para evitar que el lobo feroz de la Vicepresidencia termine comiéndosela, la Caperucita Roja-rojita amenazó con renunciar...tic tac
Marianella Salazar
Periodista
msalazar@cantv.net