Los Reyes inauguraron, el 11 de marzo, el monumento al 11-M frente a la estación de Atocha, realizado con las piezas de vidrio más grandes del mundo. En un acto solemne, que contó con la presencia del Presidente del Gobierno y los Príncipes de Asturias, sus majestades colocaron una corona de laurel frente a la escultura de cristal, de 11 metros de altura. Tres minutos de silencio en memoria de los fallecidos cerraron el acto.

La escultura, que estuvo tapada bajo una lona durante meses, está formada por dos capas de diferentes materiales, una de bloques de vidrio y otra de una membrana de ETFE donde están impresos los mensajes que los madrileños escribieron los días sucesivos al 11 de marzo de 2004. En esta sala, aislada del ruido exterior, el silencio y la luz son los protagonistas.
En total, el monumento tiene un peso de 160 toneladas y es totalmente transparente e incoloro, ya que los bloques de vidrio macizo van pegados unos a otros con un pegamento adhesivo especial. El suelo, hecho de una especie de cerámica de cristal, es otro de los aspectos más cuidados de la obra.

Tal y como explicó la concejala de Urbanismo de la Comunidad, Pilar Martínez, a Madridiario, "el monumento a las víctimas del 11-M es una pieza única en el mundo. Es una especie de santuario, una sala de reflexión y recogimiento, casi parece que el monumento está vivo. Cuando entras, percibes sensaciones, emociones y pensamientos".
Desde que el pasado once de marzo se inaugurara este recinto, son muchos los visitantes que se han acercado a verlo para rendir de este manera un pequeño homenaje a las víctimas del atentado que, hace ya más de tres años, conmocionó a todos los madrileños.