Los obreros probaron este jueves que tienen fuerzas organizadas y que ya no comen cuento. Con un histórico e interminable rosario de reivindicaciones, están dispuestos a sentarse para que el país, el nuevo país, aproveche esta crisis y la cornucopia nacional y su abundante contenido -30 mil millones en los próximos 15 años- sean distribuidos con equidad. Porque, al final, se trata de equidad, aunque circunstancialmente se llame canasta básica, seguridad, cero corrupción o el incumplimiento de las promesas electorales que cada 5 años aparecen como panaceas.
Por su parte el gobierno, con la responsabilidad de esclarecer y hacer justicia a los obreros muertos a manos de la Policía Nacional, tiene en sus manos una forma inequívoca y convincente de aplacar los ánimos: poner en marcha el Plan de Desarrollo Nacional, creado para que las inversiones en desarrollo sobrepasen la pusilanimidad y mezquindad quinquenal de los gobiernos de turno.
2008 es un año pre-electoral. Además, el año de arranque de la ampliación del Canal, que es la catapulta del desarrollo social y humano para los panameños. No hay que dudar que detrás de todo haya intereses políticos, aunque bien disfrazados. Un gobierno inteligente debería adelantarse a los reclamos sociales y resolver aquellos que, como la seguridad en la construcción, necesitan atención urgente. Las empresas constructoras están edificando obras del primer mundo, edificios que se vanaglorian de batir records latinoamericanos de altura, con normas de seguridad del siglo pasado, cuando Panamá apenas había edificado más arriba del piso 70.
Se trata de desarmar las espoletas, de neutralizar los detonantes, de obligar a los políticos a pensar colectivamente, para que sus discursos sean proactivos y la ignorancia del elector no vuelva a ser el camino para que los menos capaces nos gobiernen. ¿Cómo es posible que, después de 2000 años de ensayos democráticos, todavía andemos redimiendo fallos en lugar de avanzar sobre aciertos?
La voz que debe alzarse ahora es la de la Sociedad Civil, secularmente postrada y silenciosa, precisamente porque ha creído en la buena fe política, y cedió un espacio de poder y decisión de incalculable beligerancia. En esa mesa de diálogo, donde supuestamente está representada al haber elegido al actual gobierno y ser los obreros parte de ella, estará ausente la inteligencia y el sentido colectivo, porque obreros y gobierno tienen bien calculados sus intereses.