La crónica económica
SOLBES – PIZARRO: ASÍ ES, SI ASÍ OS PARECE
viernes 22 de febrero de 2008, 08:37h
Actualizado: 22 de febrero de 2008, 10:07h
Es verdad que España no va bien, como afirmó Manuel Pizarro al comienzo del debate con el apoyo de unos cuantos indicadores elocuentes, como la caída del índice de confianza a los niveles más bajos de la Unión Europea, o el indeseable liderazgo en el déficit de la balanza por cuenta corriente, o el aumento acelerado del endeudamiento de las familias y las empresas, o el crecimiento del desempleo. ¿Cómo es posible entonces que, en estas circunstancias, la encuesta de opinión realizada tras el debate diera como ganador del mismo, por apreciable margen, al vicepresidente Pedro Solbes?
El formato del debate fue ejemplar por parte de Antena 3 y del excelente moderador elegido, y los dos protagonistas se mostraron como realmente son, educados y más que correctos en las buenas formas. Nada hubo, en cualquiera de ellos, que pudiera suscitar antagonismo o rechazo. Desde la percepción de los telespectadores, Solbes fue un viejo y experimentado funcionario, experto conocedor de los temas en debate, economista con menos que suave perfil político, y que trasmitía serenidad y confianza. En Pizarro, que supo no tener la agresividad que algunos esperaban, los telespectadores percibieron un perfil más político, lo que no es malo y se prueba en que su valoración mejoró en las partes menos especializadas del debate, pero también cierta imagen de opositor, no en el sentido político, sino del que comparece ante un tribunal de oposiciones.
La batalla de las cifras no resultó afortunada para el “número dos” del PP, que dejó pasar sin respuesta suficiente varios hábiles malabarismos de Solbes para eludir la realidad, como la curiosa comparativa entre los cierres de 2007 y 2003, sobre la que construyó la demagógica acusación de que “ustedes no buscan soluciones, sólo están llamando a la crisis”, frente a lo que es poco responder, o poco para llegar a los ciudadanos, que “ustedes están perdiendo la confianza y la competitividad”. Tuvo su gracia la disputa por la herencia, que según Solbes deja mejor que la que recibió y según Pizarro el PSOE recibió en 2004 la mejor de muchas décadas.
A esas alturas del debate ya era visible que, en esto de las técnicas de campaña electoral, no hay nada nuevo bajo el sol. En 2004, el Gobierno de entonces optó por ocultar la verdad a los españoles durante tres días y el asunto falló por dos razones. Primero, porque el terrorismo es un tema especialmente emocional. Segundo, porque frente a un Acebes nada convincente, el astuto Pérez Rubalcaba fue capaz de acuñar la famosa frase movilizadora de que los españoles se merecían un Gobierno que les dijera la verdad. Cuatro años más tarde, el actual Gobierno ha optado por ocultar la verdad a los españoles durante semanas y semanas, pero en un tema mucho menos emocional, por muy sensible que ciertamente sea, como es la economía.
Se trataba en 2004 de llegar a las urnas sin que la autoría islámica del crimen terrorista permitiera una demagógica relación con la guerra de Irak. No se engañaba, sino que, terrible error, no se creía en la fuerza de la verdad y se renunciaba a explicarla. Se trata ahora de llegar a las urnas del 9 de marzo sin que los españoles tengan la certeza de lo que es verdad, esto es, que la desaceleración conduce inexorablemente a una grave crisis económica y que será más grave para España por la pasividad y los errores de la política económica de estos últimos cuatro años, y que por tanto, la prudencia aconsejaría cambiar de manos al volante de la economía española. Fue por el segundo bloque del debate cuando, aún manteniendo Solbes mejor dominio de los números y de su exposición, Pizarro ganó posiciones en la percepción de los telespectadores, aunque sin llegar a dar la vuelta a las posiciones relativas, y ello porque supo introducir cierto grado de lenguaje político y no estrictamente económico, de manera que los dos dirigentes llegaron en posición más equilibrada al tercer y último bloque del debate, en el que debían desplegar sus respectivas opciones de futuro.
Para después del 9 de marzo, Pizarro buscó la referencia regeneracionista de Joaquín Costa para proponer “escuela y despensa”, y puso el acento en valores de competencia, libre mercado, talento, se refirió incluso al desarrollo de infraestructuras y repentinamente habló de la reforma de la Administración de Justicia, que nada tenía que ver con el tema del debate y permitió a Solbes la elocuencia de una sonrisa sardónica, en cuyo silencio podía leerse algo así como “luego es verdad que Rajoy no le ha elegido para la vicepresidencia económica, sino para un cargo político”.
Lo cierto es que, en esa recta final, quizá por más política y menos técnica, Pizarro recuperó posiciones. Supo contraponer al paro, la inflación y el dejarse llevar del actual Gobierno, una oferta de liderazgo, empleo, seguridad y futuro. Definió al PP como “una fuerza tranquila” que tiene confianza en toda la sociedad y anunció que, tras ganar las elecciones, llamarían al PSOE para intentar una serie de compromisos y pactos de Estado, que enumeró. El anuncio era más oportuno cuando, pocas horas antes, entrevistado en Telecinco, Rodríguez Zapatero había descartado abiertamente la posibilidad de compromisos con el PP y anticipado que buscará acuerdos con otras fuerzas políticas, esto es, con los partidos nacionalistas.
En su turno, Solbes insistió en el “catastrofismo” que atribuyó al PP, afirmó que España está bien preparada para las “dificultades” que vienen –¿crisis? ¿qué crisis?– y llamó claramente a la movilización del electorado socialista con la advertencia de que el voto del 9 de marzo “decide un modelo de país”. Ninguna sorpresa, nada fuera de lo que cabía esperar de uno y otro de los protagonistas del debate. ¿Quién ganó, ante los telespectadores, este primer debate estrella de la campaña? Parece, sólo parece, que ante el público en general ganó Solbes. No quiere decir que tenga razón, sino sencillamente que fue más convincente en la exposición técnica de sus argumentos. Eso sí, Pizarro dejó consolidada la imagen de que tiene capacidad sobrada para moverse bien en política. Eso sí, la economía va mal, fatal, eso no lo cambia el resultado del debate y hay motivos para pensar que los ciudadanos lo saben.