José Bono sabe un rato de telegenia. Cuando este miércoles entraba en el Congreso de los Diputados, Cámara que va a presidir durante los próximos cuatro años, si no hay sobresaltos, y los periodistas le abordaban para preguntarle qué le había parecido el ‘piropo’ que le había lanzado el peneuvista Erkoreka - le llamó “cabestro” sin despeinarse-, el ex presidente de Castilla La Mancha y ex ministro de Defensa no dejó de sonreír ni un solo momento ante las cámaras. “Yo no voy a insultar ni voy a decirle al señor Erkoreka ni mu”, replicaba, demostrando que es un hombre muy bien educado. Bono es un político experto con un fuerte tirón mediático que ha sido recibido con las uñas fuera por los nacionalistas, e incluso por un sector del propio PSOE, -mayormente perteneciente al PSC- que ven en su figura a un ‘enemigo’ de Cataluña y Euskadi, en lo que se refiere, claro, a sus objetivos políticos de mayor autogobierno y ciertas veleidades independentistas. Él lo sabe, pero ‘pasa’.
Hasta podría decirse que disfruta con la controversia que levanta. En los pasillos del Congreso su aterrizaje ha sido uno de los asuntos más comentados de una semana cargada de noticias y de rumores. “Bono os va a dar mucho juego”, vaticinaba a los informadores uno de los diputados socialistas que no ha despedido con demasiada pena al inflexible Marín -‘el bueno’ de Manolo, como solían decir con retranca en su grupo-, que se marcha a la universidad alcalaína a dar clases y a luchar contra el cambio climático y el que, por cierto, pasó al lado de Bono y ni se dignó en saludarle. Y no lo dudamos. Bono es sin duda una estrella que brillará con luz propia en un Parlamento que a medida que van pasando las legislaturas se va quedando huérfano de primeros espadas. ¡Hasta se van a echar de menos las ruedas de prensa de los martes de Eduardo Zaplana!