Legislatura dura
miércoles 09 de abril de 2008, 12:49h
Actualizado: 11 de abril de 2008, 06:35h
Me duele decirlo así, pero analizando lo que hemos oído en el debate de investidura, tengo para mí que la bronca política que presidió la anterior va a prolongarse en esta legislatura. Zapatero arranca sin las hipotecas de hace cuatro años -el PNV está escayolado, Esquerra Republicana en la UCI y Llamazares es Robinson Crusoe-, pero tiene un pasado político que mella su credibilidad y enfrente tiene a un Rajoy al que algunos de los suyos miran como los griegos a Polifemo después de emborracharlo: esperando a que cayera.
La crisis aplazada en el seno del PP cursará exportando acritud. Quienes aspiran a ser la cara del cartel del 2012, tienen que acreditar dureza ante los suyos; los tibios serán marginados. El "no me resigno" de Esperanza Aguirre -que, por cierto, tiene el mismo derecho que cualquier otro dirigente de su partido a soñar con llegar a La Moncloa-, es muy significativo. La presión que genera un proceso de esta naturaleza acaba afectando a todo el sistema. En cuanto el PP decida quien es, de verdad, su cabeza, al elegido no le quedará otra senda que la de la confrontación total con el PSOE. Sí Rajoy viniera de una única derrota podría tener autoridad para girar al centro y aceptar la mano que le ha tendido Zapatero para alcanzar compromisos, pero no es el caso porque lleva ya dos fracasos y el descontento fermenta alrededor de quien no tiene poder y no puede repartir prebendas o encomiendas.
Por eso creo que el PP endurecerá su oposición y de ahí el pronóstico sobre la legislatura que acabamos de estrenar. Pese a la mayoría más que suficiente con la que cuenta Zapatero, la travesía no le va resultar cómoda. Todo lo contrario, tal y como están repartidas las cartas, tengo para mí que la partida va a ser bronca.