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Generalitat furiosa

Generalitat furiosa

jueves 10 de abril de 2008, 22:05h
En menos de veinticuatro horas, el presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, le ha recordado a José Luis Rodríguez Zapatero que el trasvase del Ródano es “una broma de mal gusto”. De esta contundente forma, el presidente catalán y primer secretario del PSC hacía patente su descontento con las concesiones que ZP había hecho a Convergència i Unió durante la sesión de investidura.

El tripartito catalán está furioso por la falta de diligencia del Gobierno ante el grave problema de la sequía que padece el área metropolitana de Barcelona. Francesc Baltasar (Iniciativa per Catalunya), conseller de Medio Ambiente hoy ha ido algo más lejos, y en rueda de prensa, ha calificado de “inexistentes” las relaciones Gobierno-Generalitat en el tema del agua. Las soluciones que brinda Rodríguez Zapatero, aparte de poco concretas y de escasa diligencia, no parecen abocadas ni siquiera a paliar la parte más llamativa de la sequía, la que afecta a los cinco millones de habitantes del área barcelonesa (algo así como el 1,87%, siquiera el 2%, del consumo total de agua en Cataluña). De ahí que Montilla, haciendo honor al compromiso adquirido en su toma de posesión como presidente, haya pasado por encima de la militancia partidista y se vea abocado a tenérselas tiesas con el Gobierno central.

Las relaciones entre la Plaça de Sant Jaume y La Moncloa no pasan por un buen momento. Rodríguez Zapatero se la tiene jurada a José Montilla por la negativa de éste, tras las últimas elecciones autonómicas, a dar entrada a Artur Mas, el líder de los nacionalistas conservadores catalanes. Montilla, por su parte, también tiene agravios: apagones masivos de electricidad y el caos ferroviario que, pese a la llegada del AVE a la capital catalana, afecta intermitentemente a las diferentes líneas de Cercanías.

En esta nueva legislatura, los intereses de ZP (no hablemos de su idea de España) le llevan a ser mucho menos complaciente con los nacionalismos y también con las periferias. El presidente del Gobierno, ciertamente, le debe al PSC la secretaría general del PSOE, esa que ganó sólo por nueve votos frente a Bono Martínez. Lamentablemente –esto entra en la humana naturaleza— es más fácil olvidarse antes de los agravios que de los favores.

El conflicto está servido, pese a las pocas ganas que de él tengan ambas Administraciones. José Montilla se debe a los intereses de los ciudadanos catalanes. Intereses que, por descontado, no coinciden con los del inquilino de La Moncloa. Por su parte, Rodríguez Zapatero no se puede permitir el lujo de hacer enfadar aún más a cinco millones de ciudadanos y, más mal que bien, alguna solución a corto plazo –llámese ésta parcheo o, más probablemente, chapuza—tendrá que tomar. De aquí al sábado, cuando el recién investido presidente del Gobierno haga pública la composición del nuevo Ejecutivo, veremos si se ha tomado en serio lo de la falta de agua barcelonesa. La clave estará en quiénes ocuparán las carteras de Medio Ambiente y de Fomento. ¿Repetirá en la primera Cristina Narbona? Y, el Cielo no lo permita, ¿seguirá Magdalena Álvarez en Fomento? Si la papeleta de Montilla es mala, tampoco se le queda a la zaga la de Rodríguez Zapatero.
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