El presidente de la Xunta de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, aborda mañana miércoles la reunión que quizá permita, definitivamente, dejar listo el proyecto de nuevo estatuto de autonomía. Y no parece que la cosa vaya a resultarle fácil. De entrada, porque es Alberto Núñez Feijóo, el líder los populares gallegos quien, con sus 37 diputados, tiene no sólo la sartén de la reforma estatutaria por el mango, sino el mango también. Sin el PPdG no hay reforma posible en esta legislatura, ya que los comicios municipales de mayo (que también son autonómicos en 13 de las 17 comunidades) condicionan mucho los posibles acuerdos que el presidente debe cerrar no sólo con la oposición sino con sus socios de gobierno, los nacionalista del Bloque.
Casi sin comerlo ni beberlo, Pérez Touriño, con año y medio de mandato, se vé metido en un laberinto espacio-temporal, construido por Anxo Quintana (el vicepresidente nacionalista) y por las consignas de la dirección nacional de los conservadores, empeñados en que a los socialistas y nacionalistas ni agua. No es el mejor momento para que, desde la madrileña calle Génova, se autoricen acuerdos con el PSOE.
Puestas así las cosas, la reunión que celebran mañana en Compostela los líderes de los tres partidos gallegos está lastrada, gracias al BNG por una cuestión identitaria. Quintana reclama un estatuto que no sea inferior al catalán, y en el que se incluya, naturalmente, el carácter de nación de Galicia. Núñez Feijóo se agarra al concepto de nacionalidad histórica, recogido en la Constitución. Mientras que Pérez Touriño que, hasta el momento, se ha presentado como árbitro, dice contar con un llamado plan B que, por cierto, sólo él conoce.
Mientras tanto, el reloj sigue corriendo de forma inexorable. Se trata de un reloj de dos esferas: la española y la europea, puesto que, al actual Gobierno gallego le consta que de no cerrar ahora la reforma estatutaria –y de hacerlo sería un trámite a marchas forzadas, dado que, además, en el 2008 están las elecciones generales—se perderían, a partir de 2009, los fondos de cohesión de la Unión Europea.
Sin más salida que un acuerdo que, por motivos identitarios, sus propios socios de gobierno lo ponen difícil y con un Núñez Feijóo que ha visto como la dirección nacional del Partido Popular le ha quitado la autonomía de la que, en la época de Fraga, gozaron los populares gallegos, a Emilio Pérez Touriño sólo le queda encomendarse a todo el santoral galaico. Y todo apunta a que su salida del laberinto es harto difícil, por no decir imposible.