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Fuerza canutera

Fuerza canutera

miércoles 23 de abril de 2008, 18:14h
Actualizado: 25 de abril de 2008, 20:05h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

Lo mejor de Cataluña, en tal jornada como la de hoy, festividad de Sant Jordi Gloriós, su patrón (y Día Catalán del Escaqueo Laboral, por aquello de que es laborable pero como si no), es que toda España, ante las explosión de libros y de rosas, pone cara de arrobo celestial y acaba reconociendo que “los catalanes serán muy suyos –que lo son—pero cosas como la de Sant Jordi es que las bordan”.  Y ¿qué queréis que os diga, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y catalaneados niños y niñas que me leéis?, pues es como tal que así.

Pero lo bueno es que, en días como éste, siempre salen aquellos que se consideran como intérpretes de lo que ha sido, es y será Catalunya. Ninguno de ellos, por cierto, es catalán. Son los traductores –voluntarios y sin que se les hubiese dado vela en este entierro—de las cosas de a este lado –seco, por supuesto—del Ebro. Esos que, de vez en cuando, se van de bolos a Barcelona, se patean la ciudad, hablan con unos pocos –todos políticos, periodistas y gente así--, se dejan una pastizara gansísima en los restaurantes más punteros del Principado y luego, de regreso a sus lares, como que están en situación no sólo de explicar al resto de España, sino a los propios catalanes, el pasado, el presente y el futuro de tan entrañable tierra.

Pongamos que hablo del Estatut(o) que está por los anaqueles del Tribunal Constitucional. Artur Mas, el líder de Convergència i Unió, opina que el Alto Tribunal no debería tocar ni una coma del texto recurrido por los del Partido Popular de las Españas. Dice el heredero político de Jordi Pujol queno sería democrático hacerlo.Bueno, como la expresión de un deseo, que vale. Pero Mas aún va encara més lluny --más lejos--, ¿verdad, Jáuregui? (que Damián, mi valet de chambre te ha leído con la atención que te mereces) y afirma que si, por un casual, el TC tumba algunos artículos del Estatut(o), la Generalitat no sólo debe hacer caso omiso de ello, sino que debe obligar, con su fuerza, pasarse la sentencia por el arco de triunfo tripartito. Una burrada, pequeñines/as míos, que el pobre de Montesquieu, desde el Más Allá, debe estar maldiciendo a los del Más Acá de La Jonquera para abajo.

Claro que lo de Artur Mas es una opinión política. Y como tal se la trae al fresco a la sociedad catalana, aunque no así a los foráneos que visitan Cataluña. Que luego se desmelenan por escrito sobre el naciente peligro que se cierne sobre la unidad de España.  Eso sí, llega el 23 de abril (por cierto, festivo-festivo en Aragón y en Castilla-León, que es el Día de la Comunidad y celebran lo de Villalar, cuando Padilla, Bravo y Maldonado perdieron la intifada foralista contra las tropas de Carlos I de España y V de Alemania) y el coro de voces laudatorias hacia los catalanes –que son muy suyos, que ya lo sabe—alcanza proporciones sinfónicas.

Y menos mal que los que pontifican sobre el pasado, el presente y el futuro del Principado, en su gran mayoría –y aunque no se enteren demasiado--, se han tomado la molestia de pillar el AVE o el Puente Aéreo y venir a pasar el rato a Barcelona. Detalle que se agradece. Otros hay, sin embargo, que desde sus púlpitos radiofónicos o sus rotativos mundiales, vociferan lo suyo, sin más fundamento racional que sus prejuicios. Estos últimos ni siquiera llegan a decir, poniendo cara de circunstancias, eso de que “Cataluña es maravillosa a pesar de los catalanes”. Y ante gentes así, no es de extrañar que Tato Ganduxer, mi amigo del alma, después del tercer dry martini, con su inconfundible acento de Pedralbes, diga eso de “Salut i força al canut!”. O al Estatut, claro.
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