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Ana Muñoz de Dios, directora de Integra

"Los excluidos necesitan que alguna empresa apueste por ellos"

martes 29 de abril de 2008, 17:48h
Actualizado: 19 de septiembre de 2008, 11:55h
Para quienes han tenido problemas con la prostitución, las drogas, la delincuencia o los malos tratos puede resultar casi imposible encontrar un empleo. La Fundación Integra trabaja para abrir las puertas de las empresas a estas personas y darles así la posibilidad de recuperar su vida.
¿Cómo nació la Fundación Integra?
Las instituciones y ONG que ayudan a las personas en exclusión social se encuentran con un problema a la hora de terminar ese itinerario con su inserción laboral. Eso les ocurría a las ONG que trabajan en la cárcel, la droga, la prostitución, las mujeres maltratadas, porque cuando consiguen normalizar a esta persona en todos los aspectos, las empresas les cierran la puerta por falta de habilidades sociales, o por antecedentes penales, o secuelas físicas en el caso de la droga. Cuando una persona emprende un itinerario de normalización y no consigue la inserción laboral, lo único que le queda es volver atrás. Muchas de las personas que vienen aquí nos lo dicen: "Cuando no encuentras trabajo, después de cinco condenas, ¿qué más da una más?" O alguna empresa apuesta por ellos, o no tienen salida. ¿Qué hacen? Un trabajo les hace sentirse útiles y les da independencia. Sienten que valen por sí mismos, no por lo que la sociedad pensó de ellos en un momento determinado, sino por lo que ellos pueden aportar. Ese es el reto que asumimos.

¿Cómo desarrollan su labor?
Somos un puente entre las instituciones y ONG que trabajan en la exclusión social a pie de calle, que nos derivan a las personas que están en búsqueda activa de empleo. Nosotros les ponemos en contacto con las empresas en las que creemos que pueden tener más éxito en su inserción laboral. Son empresas que han apostado por el planteamiento de Integra de forma desinteresada; algunas incluso aportan una cuota patronal para financiar la fundación. Todas ellas apuestan por estas personas mirando solo si son aptas o no para el puesto, sin tener en cuenta su pasado. De hecho, ni lo saben ni lo quieren saber. Llegan a ellos como cualquier otro candidato, se les cita para una entrevista, se les hace unas pruebas de aptitud y son contratados como cualquier otro trabajador, con total confidencialidad dentro de la empresa sobre la forma en que han llegado y como un trabajador más.

¿Qué perfiles son los más frecuentes?
Puede ser un chico joven con riesgo de una familia marginal, fracaso escolar, uno que haya delinquido y esté en libertad vigilada, una persona recién salida de la cárcel, un inmigrante, una mujer separada o abandonada, una mujer maltratada, embarazada, prostituida… Cualquier persona que tenga un problema para el acceso al mundo laboral. La empresa no sabe cuál es su pasado, porque hacia algunos colectivos hay más prejuicios que hacia otros. Para ser objetivos en la selección, prefieren no saberlo. La derivación desde Integra solo llega a Recursos Humanos y luego los jefes directos de las personas seleccionadas ni siquiera saben que vienen a través de nosotros. Eso es lo que más a gala llevan ellos. Cuando llevan un tiempo trabajando nos dicen: “Lo mejor es que ahora nadie sabe mi pasado y si lo supieran no lo creerían”, tan rehabilitados se encuentran.

¿Con qué ONG colaboran?
Con cualquiera que trabaje en el ámbito de la exclusión social y nos derive a las personas que encuentran trabas para acceder al mundo laboral. Normalmente nos llegan los casos más difíciles, porque la gente que sale de esas situaciones y tienen habilidades encuentran trabajos solas. Las ONG también suelen tener bolsas de empleo y les ayudan a encontrar trabajo, y a nosotros nos llegan los casos que ni siquiera saben cómo acceder al mundo laboral. No tienen habilidades sociales, tienen un currículo desestructurado o inexistente…

¿Cómo se mantiene la confidencialidad?
Pedimos a las ONG que nos cuenten el pasado de estas personas. No se lo trasladamos a la empresa, pero para nosotros sí es importante conocerlo, porque nos condiciona a la hora de encontrar trabajo para estas personas. A alguien que ha consumido drogas no podemos enviarlo a trabajar a un hotel en Ibiza, porque sería un flaco favor; a otro que haya traficado con drogas no lo podemos enviar al aeropuerto, porque las mafias podrían obligarle a abrir puertas; quien tiene VIH no puede trabajar en una cocina o una carnicería… Nosotros enviamos a la persona a la empresa, que hace una selección que la ONG conoce, y la ONG nos comenta si ha recaído, si ha tenido un retroceso, si no se ha presentado a la entrevista… Todo esto es muy importante para ayudar a esa persona a llegar a buen puerto. Además, una vez que están trabajando, como ellos son los que tienen más cerca a esta persona, porque son quienes les han ayudado a salir de la exclusión, también les hacen un acompañamiento desde la sombra: animarle, apoyarle, porque si nunca han trabajado en una empresa o llevan muchos años fuera del mercado laboral, necesitan sentirse seguros.

¿Les preparan también para la selección?
Las ONG suelen ocuparse de la fase prelaboral, ayudarles a hacer el currículum y darles cursos de habilidades sociales. Aquí también les ayudamos a hacer el currículo si no lo traen y les damos un curso breve de habilidades sociales. Ellos creen que nadie les va a llamar y no han puesto mucho interés en esa formación prelaboral, así que cuando les llaman de alguna empresa grande nos interesa que estén preparados y les damos consejos: "apaga el móvil", "no comas chicle", "llega puntual", "aséate"…

¿Qué tipo de puestos suelen cubrir?
Los menos cualificados, no porque las empresas no oferten otros, sino porque suelen venir con poca preparación. Los que han estado en la cárcel han podido realizar allí distintos trabajos, pero suelen ser de limpieza, economato, algo de albañilería o reparación de coches; hay prostitutas que nunca han trabajado en nada y donde se sienten seguras es en el sector de la limpieza. Este, almacén, hostelería y construcción son los puestos más demandados. También hay algunos que atienden siniestros por teléfono o grabadores de datos.

¿Cuáles han sido los resultados hasta ahora?
Muy positivos. Llevamos 860 personas colocadas. Empezamos a trabajar en septiembre de 2001, como experiencia piloto. Viendo que iba bien y que nos pidieron que lo ampliáramos a otras provincias y a otros sitios, estamos en Vigo, Valencia, Sevilla, Barcelona, Baleares y Madrid. De ellas, el 80 por ciento son valoradas de forma positiva o muy positiva por su  jefe directo, el cual además desconoce su pasado, con lo cual es un juicio muy objetivo. El 20 por ciento restante, que tiene una valoración regular o negativa, es por las mismas causas que otros trabajadores: bajo rendimiento, falta de habilidades, absentismo laboral… Los directores de recursos humanos de las 40 empresas con las que trabajamos nos dicen que los resultados son los mismos que los del resto de los trabajadores, lo cual demuestra que la gente se normaliza cuando tiene un trabajo.

 ¿Son todas empresas grandes?
La mayoría sí, aunque a veces llega alguna por contactos personales. Por ejemplo, un amigo que tiene una imprenta y busca un chico y nos lo pide. Tanto patrocinadores como colaboradores son empresas con un tamaño importante. Entre los patronos están Vips, Eulen, Carrefour, Mango, Acciona, OHL, Ferrovial, Barceló… En las empresas pequeñas hay menos rotación, pero en las grandes siempre están incorporando gente, lo que facilita poder encontrar trabajo para estas personas.

¿Hay algún colectivo al que le resulte especialmente difícil acceder a un trabajo?
El colectivo que más prejuicios causa es el de ex reclusos, y curiosamente es el mejor valorado, el que mejores resultados da. Quizá el de las personas sin hogar es el que tiene más dificultades para normalizarse. No solo tienen falta de hábito de trabajo, sino que suelen tener problemas psíquicos sobrevenidos por la situación de calle. Por otro lado, las mujeres prostituidas no tienen muy buena valoración, y ello puede deberse más a la falta de hábitos, pero una vez que les damos un aviso suelen reaccionar bien: es más por falta de costumbre que por ausencia de interés o falta de capacidad. En cuanto a los chicos de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor, tienen poca estabilidad en los puestos, pero esto depende, como en la mayoría de los jóvenes, de su entusiasmo. Cuando un chico encuentra un trabajo que le apasiona, lo mantiene durante más tiempo.
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