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Los hijos de Caín

Los hijos de Caín

lunes 26 de mayo de 2008, 16:25h
Actualizado: 28 de mayo de 2008, 08:04h
En Suráfrica, negros zulúes se ensañan con matabeles y xhosas  procedentes de Zimbawue y Mozambique, en una ola de xenofobia que descubre una lucha de pobres contra miserables. Darwin en África y Berlusconi en Italia. El hambre y la desesperación de quienes no se resignan frente a la adversidad está cambiando el paisaje social  de estos primeros compases del siglo XXI en los países industrializados. Suráfrica es el Estado africano más desarrollado; a Europa, los africanos la ven como la Tierra de Prometida: el lugar donde hay trabajo y la gente no muere de hambre o de enfermedades asociadas con la miseria.

   Frente a la inmigración  procedente de África que elige Italia o España como cabeza de puente, la Unión Europea no acierta a concretar una política capaz de conciliar intereses contrapuestos: acabar con la inmigración ilegal y no renunciar a ser el campeón mundial de la defensa de los Derechos Humanos. Planteado el dilema, Bruselas devuelve la pelota a los estados miembros y espera que cada uno resuelva por su cuenta. En Italia, el Gobierno Berlusconi  ya lo ha hecho declarando delincuentes a los "sin papeles", anunciando que irán a parar a prisión (entre seis meses y cuatro años ) y declarando delito la mendicidad.

   En España, Zapatero no quiere que le comparen con Berlusconi pero ha nombrado ministro a Celestino Corbacho. Ni Roma ni Madrid van a resolver la cuestión de fondo que no es otra que la desesperación de quienes se saben  los desheredados de la Tierra, pero no se resignan a la suerte de "los hijos de Caín".

   Ya les pueden poner barreras y leyes a los que llegan de África o América. Como mucho, sólo servirán para que los políticos locales más vociferantes intenten ganar elecciones. ¿Por qué? Pues porque contra el hambre y los días sin futuro no hay leyes que valgan.
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