El presidente del Gobierno se comprometió ayer martes en la cumbre de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) a poner en marcha un paquete de medidas para luchar contra la crisis alimentaria mundial con un presupuesto de 500 millones de euros desde este 2008 y hasta 2012.
Decía
Zapatero que no es momento, ante la crisis mundial de alimentos, de hablar y utilizar bonitas palabras, sino comprometerse con dinero.
"Las palabras pueden ser todo lo bonitas que queremos, pero los fondos deben ser reales": dicho y hecho: 500 millones, unos 84.000 millones de pesetas.
Sin embargo, no citó en su discurso ante el plenario
la cantidad concreta comprometida, pero sí ofreció a España para celebrar en otoño una cumbre que continúe con los trabajos.
¿Pero no estamos en crisis? Pues algo de ello tuvo en cuenta Zapatero a la hora de hablar de esta propuesta. Comentó que la solidaridad española -
"comprometidos como los que más y los primeros"- llega a pesar de que el país vive ahora dificultades económicas, porque según dijo, los españoles mantienen su compromiso con la cooperación al desarrollo.
Entre las medidas que se pondrán en marcha a corto plazo con la ayuda comprometida de 500 millones de euros habrá programas de protección social para los pequeños agricultores, principalmente en el África subsahariana; proyectos para menores de 5 años, como grupo más afectado por la crisis; e iniciativas de nutrición, infancia y seguridad alimentaria de las agencias de la ONU.
Y no dejó títere con cabeza:
denunció que hay países desarrollados que han reducido su ayuda al desarrollo y confió en que la crisis actual
"sea un aldabonazo en las conciencias de los más egoístas, de los más poderosos".
La polémica sobre inmigración, ¿resuelta?
En el marco de la Cumbre, ZP tuvo ocasión además de reunirse con el primer ministro italiano,
Silvio Berlusconi, y de zanjar las discrepancias en torno a la política migratoria.
Ambos apostaron por trabajar juntos dentro de la UE para solucionar los problemas comunes y Berlusconi aseguró que no hay
"ninguna sombra" en las relaciones.
Zapatero ratificó sus palabras y finalmente el ejecutivo italiano
anunció que no considerará delito ser inmigrante ilegal.