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Rumbo a Cathay

Rumbo a Cathay

miércoles 30 de julio de 2008, 20:21h
Actualizado: 18 de septiembre de 2008, 22:20h
TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.

O sea, hacia la lejana, pero ya nada misteriosa, China. La postmaoísta. La del capitalismo de Estado. La del hacerse rico es revolucionario… Y este mediodía, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y olímpicos niños y niñas que me leéis, los atletos y las atletas españoles/as se han subido, vestiditos de amarillo, el color del oro medallístico, rumbo a Cathay, que suena como más exótico y como más imperial, de cuando para la Corona Española nunca se ponía el sol… Y, desde entonces, ha llovido para llenar al menos unas trescientas veces nuestros pantanos… Y eso que antes, pongamos cuando la lucecita del Pardo se mantenía encendida, para el Domund (sois tan laicos/as que no os acordáis de que el Domund es el Domingo Mundial de las Misiones, católicas, por supuesto) aparte de dinero, se recaudaba en colegios masculinos y femeninos papel de plata para los chinitos…

   Sí, estamos a una semanita de que la llama olímpica llegue al Estadio de Beijing (Pekín, en la Lengua Común). Todo ello se podrá ver por televisión, bueno si es que la contaminación, el smog pequinés, no lo impide. Que esta es otra. ¿Dónde están, por tanto, nuestros ecologistas de cabecera? ¿Y los ecosocialistas de Iniciativa per Catalunya?  Mutismo absoluto. Nada que ver con esta China olímpica, país anfitrión en la que, seguro-seguro, sus deportistas copan el medallero en materia de tiro-al-reo. Por falta de práctica no quedará, ¿verdad? Pues va a ser que sí.
Pero bueno, ya sabéis, pequeñines/as míos/as, que la paz, al modo que sucedía en la antigua Grecia, debe reinar durante la celebración de los Juegos Olímpicos (o sea, ¿os acordáis, no?, durante los Jota-punto-jota-punto-O-punto-o-punto, que diría Alfredo Urdaci, antes de su pase al Club de la Comedia). Y con ese espíritu van a Beijing nuestros muchachos y nuestras muchachas. A sudar la camiseta o lo que sea que lleven puesto. Y, España, pendiente de ellos.

   Un motivo más que tendrán muchos para reunirse ante el televisor, bien en casa propia, bien en la ajena o en locales de hostelería y, aparte de las grandes sesiones de sillón-ball, podrán practicar la barra fija (las de los bares no se mueven) y el levantamiento de copa. Lástima que ambas especialidades, como el golf, la petanca o la pesca al curricán, no tengan la categoría de disciplinas olímpicas. Que de ser así, España arrasaría con las medallas... El presidente del Comité Olímpico Español augura que los atletas españoles pueden traer  medallas (espero que no haya que comprarlas, por aquello del honor patrio, y, que en caso de hacerlo, no resulten tan caras como aquella medalla de Aznar).

   Ya sabréis, amadísimos/as de mi paterno corazón, que cuando se llega a esta tesitura, los dirigentes deportivos, curándose en salud, suelen decir que lo importante es participar, aquella solemne memez que soltó, creo recordar que bajo los efectos de algún brebaje de alto contenido etílico, el barón Pierre de Coubertin, en los primeros juegos olímpicos de la Era Moderna, allá por el año 1896. En fin, que esa es la excusa para que los altos directivos del deporte patrio, aparte de irse de viaje a Beijing para poder comprar barato en tiendas y bazares, puedan lucir atuendo oficial y desfilar tras la rojigualda, mientras dejan bien clarito cuál es el ideal olímpico, a la espera de que algún esforzado/a deportista gane una medalla para, entonces, poderse hacer con él la foto de rigor en la que el directivo aparecerá orgulloso, muy orgulloso, tremendamente orgulloso de la hazaña ajena.

   Como quiera que yo soy muy patriota, alzo mi copa para que nuestros chicos y nuestras chicas, los atletos y las atletas, procuren arramblar con el oro de Beijing.

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