Los problemas sociales no se resuelven porque las agendas de los políticos están llenas de prioridades personales y ambiciones de grandes negociados. Solamente hay que ver quiénes componen el séquito cercano a los candidatos, para darse cuenta de cuáles serán las prelaciones. Ya no se trata de que la atención se centre en las urgencias y las necesidades sociales, sino de que entre las muchas ocupaciones de un político que busca realizar sus sueños de riqueza y poder, deje que otros en paralelo trabajen para alcanzar un mínimo del desarrollo a que tenemos derecho.
No sorprende que Balbina Herrera haya tenido la lúcida idea de incorporar a los jubilados con capacidad a las tareas de atención a la juventud y a la niñez. Hay una cantera incomparable en la experiencia acumulada de un adulto mayor, que todavía está lúcido y tiene fuerzas para, por muy poca paga, ocupar su ocio en ser útil a la sociedad. Nada más encomiable también para quienes debemos eso y más a los que nos precedieron.
Preparar a estos adultos llevará tiempo; se trata de ponerlos ‘en onda’ para poder comunicarse con los más jóvenes. Hacerlo desde ahora no costará dinero, pero podría demostrar que Balbina no es una más del montón, otra política que se llena la boca on promesas preelectorales, para después atender otras agendas ‘de gobierno’, que son los ya tristemente célebres grande proyectos que enriquecen a unos cuantos a costa del padecer de muchos.