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Hipótesis de la memoria

Hipótesis de la memoria

En la mañana de hoy, 15 de noviembre, el Profesor Susumu Tonegawa, Premio Nobel de Medicina en 1987, ha intervenido en Madrid en los desayunos el Hotel Ritz del Foro de la Nueva Sociedad, organizado por Nueva Economía Forum y ha centrado su intervención en dos aspectos: impulsar a los Gobiernos para que fomenten la investigación científica, facilitando los medios correspondientes sobre todo a los alumnos de tercer ciclo que deseen proyectarse a través de la investigación, invirtiendo en la promoción de jóvenes científicos e ingenieros en los Programas de Doctorado y recordando en este sentido que los mejores descubrimientos se hacen por casualidad y por accidente. Tras dedicar una importante argumentación en el sentido expuesto y manifestarse entusiasta de la investigación biológica, procedió este Premio Nobel a ocuparse del cerebro humano y concretamente de “la memoria”.

Recordemos antes de entrar en el interesante discurso del Nobel Tonegawa, que las “artes de la memoria” fueron unas técnicas desarrolladas con la finalidad de vencer al gran enemigo del hombre, el olvido, y que la memoria era el gran instrumento antes de que se crearan otras formas generalizadas de almacenar información. Se atribuye la invención del arte de la memoria a Simonides de Ceos que pudo reproducir gracias a su memoria, en que lugar estaban situados los comensales de un banquete en el que se derrumbó el techo, quedando sepultados e irreconocibles, lo que permitió a los familiares recuperar sus restos. Cicerón, San Agustín, que sitúa a la memoria como una de las tres potencias del alma, Alberto el Grande, Tomas de Aquino, Ramón Lull, Petrarca, Erasmo, y sobre todos ellos Giordano Bruno, que compone en su imagen de los treinta sellos Brunianos las reglas del arte de la memoria, son ejemplos eminentes de la reconstrucción de la memoria artificial que tanto desearon poseer los Papas, los reyes y los Emperadores. El almacenamiento de la información se convirtió en un arte que se ha mantenido a lo largo de los siglos, siendo el último tratado practico de la memoria artificial el “Arts Memorativa”, que publica Volkman en Viena, en 1936.
Pero la memoria, para Susumu Tonegawa, es mucho más que un arte, es ante todo un instrumento, es el vehiculo a través del cual nos relacionamos con otras personas, que nos hace sentir que estamos vivos. Es, según el Premio Nobel, la cola mental, el pegamento que conecta nuestro pasado con nuestro presente y con nuestro futuro, hasta el punto que gracias a la memoria podemos en alguna medida predecir nuestro futuro o al menos trazar un plan sobre nuestro futuro.

El mecanismo cerebral que controla la memoria a largo plazo ha sido el principal objeto de las investigaciones de Tonegawa, quien nos recuerda que el sistema nervioso central nos permite hacer todo tipo de cálculos y que tenemos una capacidad fantástica de memorias y recuerdos. Por eso se convierte en algo fundamental estudiar a los seres humanos, todavía unos grandes desconocidos y desentrañar los mecanismos de la memoria, qué es lo que se produce en la red cerebral. En este sentido recuerda Tonegawa que Ramón y Cajal fue esencial en la identificación del hecho de que el cerebro esta compuesto por un numero de células que se comunican entre si a través de contactos –sinapsis-, señales eléctricas que se convierten en señales químicas y que se transmiten entre las neuronas produciendo reacciones químicas y nuevas señales formando una red.

La memoria es información que nos llega a través de los sentidos y que almacenamos en la red para recuperarla y poderla utilizar en comportamientos futuros. Adquirimos una memoria espacial y nos orientamos a través de ella como los barcos se orientaban con las estrellas. Pero si es bueno almacenar y desarrollar la capacidad de memorizar es también importante, según nos recuerda el Premio Nobel Tonegawa, olvidar. Cuando la memoria de cosas individuales supera la capacidad de procesar la información, de abstraer datos de la información que vamos adquiriendo, la persona enferma. Por ello es importante tener la capacidad de olvidar cosas.

Estos son algunas de las referencias genéricas que nos transmite el Premio Nobel de Medicina, que ha demostrado que ciertas conexiones clave entre las neuronas se hacen más fuertes cuando aprendemos y que ha permitido conocer que genes y proteínas están involucrados en el aprendizaje penetrando en este complejo mecanismo y establecimiento de la memoria.

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 *Rogelio Pérez Bustamante es Chaire Jean Monnet y Catedrático de Historia del Derecho de la URJC.

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