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Recordar el 11 de septiembre en positivo

Recordar el 11 de septiembre en positivo

lunes 08 de septiembre de 2008, 17:19h
Creo que es posible escribir con tranquilidad sobre el 11 de septiembre. Por eso quisiera que mis pensamientos fueran en positivo, sin rencores, pero sin olvidos; con respeto, con sentimientos amplios y sinceros. Quisiera levantar la vista, limpiando mis lágrimas, mirar al futuro. Dejar que el  retrovisor de la vida sólo se cubra de brillos. Recordar a quienes no están. A quienes se les cercenó la vida, cuando luchaban por un ideal compartido, amplio, generoso y solidario. Y pensar que su sangre regó los campos floridos del Chile de hoy y abonó el horizonte que nos indica el camino a seguir. 

Sí, quisiera ser positivo, pero sin olvidar.

Los hombres justos  se encargarán de poner las páginas necesarias en nuestra Historia. Difícil tarea asignarle tal o cual párrafo a unos y a otros, con tanta variedad de grises entre lo blanco y lo tremendamente negro. No nos equivoquemos, porque los hechos están ahí, muchos de ellos inconclusos aún. Los hombres justos no deben descansar. Lo exige nuestra propia moral. Lo exige nuestro propio futuro.

Los edificios se construyen sobre terrenos firmes, estudiados, reconocidos. Las sociedades se levantan sobre verdades inmutables.

No podemos olvidar, pero tampoco enceguecer por los túneles del pasado y los oropeles del presente. Es necesario avanzar, caminar sin descanso en busca del horizonte que vislumbraron antepasados recientes y antiguos. Los amaneceres de la Patria siempre son brillantes, diáfanos… Pero al correr del día, los soles encuentran obstáculos que proyectan sombras, que enfrían los ambientes y que nos obligan a buscar la calidez cambiando paisajes, renovando pinceles de la acuarela vital.

Quisiera escribir sobre el 11 de septiembre, ser positivo, sin olvidos. Se complica la pluma, se tropieza con realidades personales vividas, se me hace difícil ser objetivo.

Viajé por el mundo de las añoranzas demasiados años, cambiándome la vida injustamente, sin remedio. Otros cielos vieron mi peregrinar, desgarrada el alma, roto el corazón, nublado el sentimiento. Crecieron en mí los rencores que nunca había conocido. Levanté altares de recuerdos con nombres conocidos. Aré sobre los campos de mi vida con arado duro, regado con lágrimas secas, llevando a cuestas descendencia inocente.

Y hoy estoy aquí, de nuevo, con la frente alta mirando la cresta de la cordillera,  que sigue siendo blanca, cual faro de sociedad en marcha. Regresé solo, con la carga de las añoranzas sobre la espalda encorvada, con huellas como arrugas, con canas de experiencia. ¿Por qué has vuelto?, me preguntan en cada esquina. Y el cuento es repetido: por los que no están, por los recuerdos grabados a fuego, porque no puedo más vivir tan lejos. Pero también, por los que vienen. Por los jóvenes de mi tierra que han ido creciendo sobre tierras difíciles, sobre historias dolorosas que deben aprender en toda su crudeza, para no repetirlas nunca más. Vine porque aprendí cosas bajo otros soles, que son diferentes y que pueden hacernos bien. Que nos permitirán ir avanzando por las páginas del próximo libro de nuestra vida, escrito con letras blancas de pureza, sin mirar atrás sino sólo para no olvidar, para no volver a tropezar.

Vine para contarles a quienes me quieran escuchar y oír que fueron muchas las manos solidarias. Fueron lenguas distintas que nos cantaban lo mismo. Fueron pieles de colores diversos los que nos acariciaron en la desgracia, en un canto fraterno sin límites. Vine a contarles a los míos que esa es lección buena, digna de adoptar. Y vine a multiplicar las voces de los que se quedaron lejos, sin retorno posible para sus añoranzas, desangrando sus recuerdos en tierras extrañas. Vine a decirles a los de aquí  que tampoco se olviden de ellos, porque el olvido mata dos veces. 

En  fin, mi amigo, créame que el futuro no ciega, sino que ilusiona. Avancemos hombro con hombro en la cruzada buena de la tolerancia, de la solidaridad, de lo fraterno, de la equidad… que harta falta nos está haciendo. Vida amplia para un pueblo grande. Colores diversos para un caleidoscopio diverso y sin manchas que admiran más allá de nuestras fronteras. Luces por sobre las sombras, brillos cubriendo la opacidad mediocre y mezquina. Es ardua la tarea, pero merece la pena.

Ya lo ve: se puede escribir sobre el 11 de septiembre, sin rencores, pero sin olvidos, contando lo que siente este corazón cansado, pero con la mente en el futuro, sin descanso, en positivo.

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Miguel Ángel San Martín
Periodista
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