Teatro de Lara: La supervivencia
martes 16 de septiembre de 2008, 19:12h
Actualizado: 23 de septiembre de 2008, 13:12h
Cuando faltaban 39 años para que por Madrid circulara el Metro, ya levantaba el telón el Teatro de Lara. Cuando faltaban 30 años para que comenzara a trazarse la Gran Vía, el Teatro Lara estaba abierto. Esta histórica sala fue inaugurada en 1880 por don Cándido Lara, el empresario ganadero que invirtió parte de su fortuna en la construcción de este teatro que permanece prácticamente igual que hace 127 años. En una capital que de verdad se preocupara por su patrimonio cultural, un edificio así sería una joya a proteger como oro en paño. Pero en Madrid parece que no nos preocupa mucho este patrimonio histórico-artístico.
El Teatro de Lara ha sobrevivido al reinado de Alfonso XIII, a la II República, a la Guerra Civil, a la posguerra y al concejal Ángel Matanzo, que lo cerró en 1990. Ahora sus arrendatarios anuncian que quieren subastar las butacas originales para instalar unas nuevas. ¿No goza este monumento teatral de la necesaria protección para garantizar su integridad? ¿Serán capaces las administraciones del Partido Popular de mantener este teatro como en toda su historia anterior?
El Teatro de Lara ha sobrevivido hasta ahora a cuantos intentos de destrucción se han intentado. Quizá el más llamativo y elocuente sea el episodio de 1931, cuando murió Milagros Lara, hija del fundador. En su testamento dispuso que se derribara el teatro para construir pisos de alquiler. España era una república pero un ministro republicano –Fernando de los Ríos- no dudó en acudir a un Real Decreto de Alfonso XIII para garantizar que el Lara siguiera en pie.
No obstante el teatro sí ha sufrido algunas reformas, como la emprendida en 1916 con la que se construyó la fachada que conocemos actualmente.
En el Teatro de Lara se han estrenado títulos tan importantes como Los intereses creados (1907), El amor brujo (1915), La visita que no tocó el timbre (1949); ¿Dónde vas, Alfonso XII? (1957) o Contradanza (1980).
En 1995 Carmen Troitiño realizó una reforma, complicada y costosa, para reabrir la sala que llevaba una década cerrada. Ahora está en manos de una empresa arrendataria aunque la propiedad sigue siendo de la Fundación Lara.
Las administraciones madrileñas, con muy buen criterio, han establecido todo tipo de cautelas para la reforma de otro histórico teatro, el de la Comedia, cerrado desde hace años. ¿Serán capaces que ponerse de acuerdo para impedir que en el Lara se realicen actuaciones que pongan en peligro este patrimonio de Madrid? ¿Se prestarán a ofrecer colaboración económica a los propietarios para acometer con todas las garantías la necesaria restauración de la sala?