OPINION/Victor Gijón
miércoles 17 de septiembre de 2008, 11:41h
Actualizado: 18 de septiembre de 2008, 10:25h
Dicen, y parece que es cierto, que no hay camino más directo al fracaso que no reconocer los errores. La autocomplacencia mostrada ayer por el presidente del PP, Ignacio Diego, puede valer para consumo interno, pero no despeja las incógnitas sobre el futuro de su partido y el de él mismo como máximo dirigente popular en Cantabria.
Saca pecho Diego para asegurar que el balance de la dirección que preside, cuatro años después de ser elegido, merece un sobresaliente alto. El líder del PP hace como los malos estudiantes, se autoconcede una nota alta y oculta las verdaderas calificaciones.
Juzguemos por objetivos: los que el propio Diego se marcó cuando se hizo cargo del partido recién desalojado éste del Gobierno. Al sustituir a José Joaquín Martínez Sieso, ascendido a diputado nacional como 'premio' por perder las elecciones autonómicas de 2003, Diego aseguró que el PP volvería al Gobierno de Cantabria en 2007. Para cuando Diego hizo su promesa los populares no sólo estaban fuera del poder en Cantabria sino que también habían perdido las elecciones nacionales.
Diego tenía muy claro cómo recuperar el Gobierno regional: ganando por mayoría absoluta en las elecciones siguientes. Pero es evidente que no sólo no logró su objetivo, sino que perdió otro diputado, alejándose aún más de la meta propuesta. Se puede valorar si es mucho o poco, dadas las circunstancias, la perdida de un único escaño, pero en ningún caso creo que ese resultado pueda ser calificado de “sobresaliente”. Sobre todo al venir acompañado de la perdida de algunas alcaldías emblemáticas, como por ejemplo Cabezón de la Sal.
Una situación que obligó a Diego a tomas decisiones tan controvertidas y poco democráticas como votar para alcalde de Castro Urdiales a un tránsfuga a fin de disimular los daños. Pero es que, además, los muebles regionales de Diego, se los salvó el resultado espectacular de un recién llegado a la política, candidato a alcalde de Santander por decisión directa de Mariano Rajoy y en contra del aparato popular, tanto el representado por Diego como por el grupo de Gonzalo Piñeiro.
Una mayoría absoluta reforzada, cierto que mitad debido a su esfuerzo y mitad al fracaso de los socialistas santanderinos, que deja en el aire la cuestión del futuro de Diego. No a corto plazo, en el Congreso de octubre próximo, pero no mucho más allá de las elecciones regionales de 2011, donde Diego será seguramente candidato para volver a perder.