Teatro en canal
lunes 22 de septiembre de 2008, 12:29h
Una de las decisiones culturales más esperadas de los últimos años se ha resuelto, a medias, esta semana. Me refiero a la dirección de los nuevos Teatros del Canal que, como el túnel de Fomento, no acaban de terminarse. La Presidenta Aguirre ha anunciado que Albert Boadella será el director artístico de este moderno complejo, que puede dinamizar la escena madrileña o convertirse en un formidable panteón, como el de El Escorial. Y no me refiero al de Reyes sino al auditorio. Pero, a la vez que se anunciaba el nombre del director de Els Joglars, también se ha publicado que la gestión empresarial se adjudicará a una empresa privada, que debería asumir igualmente el auditorio de la Sierra con una ayuda económica de la Administración.
Ante esta posibilidad se me ocurre preguntar: ¿alguna empresa privada aceptará esa gestión con un director ajeno a ella que le marque lo que tiene que hacer? Y la respuesta más previsible es que no, salvo que se quiera dar a la empresa privada solamente la infraestructura necesaria para el mantenimiento. Cuando alguien arriesga su capital, aunque tengo un colchón de dinero público, no le suele gustar que le marquen cómo tiene que actuar más allá de las obligaciones del condicionado de adjudicación. Y, en el caso de que se acepte a Boadella como director artístico ¿qué pasará cuando éste ordene una cosa y el empresario diga que no es factible u oportuna?
Desconozco el resultado final de la gran obra de Navarro Baldeweg. Mi condición de Cronista de la Villa, de autor de varios libros sobre teatro y de treinta años de dedicación a la información sobre la escena madrileña no me han hecho merecedor del honor de ser invitado ni a conocer las instalaciones ni a la gala pseudo-inaugural.
Pude recorrer el complejo hace un par de años cuando aún no se había iniciado el equipamiento. Me pareció espléndido y con unas grandes posibilidades. Desde el primer momento se habló de que fuera un centro dedicado preferente a la danza, tanto en exhibición como en formación, pero me da la impresión que no va a ser así. En realidad, creo que nadie sabe a qué se va a dedicar, cual va a ser su línea de programación. O sea que, presumiblemente, comenzará dando bandazos lo que no contribuirá a lograr que el público se desplace hasta esa zona tan poco teatral hasta ahora. Lo de menos es una velada de presentación para que se promocione Nacho Cano, cerrando inmediatamente después las puertas. Miterrand hizo lo mismo cuando se empeñó en inaugurar la monumental Ópera de La Bastilla y no pasó nada.
Lo que nos gustaría, como amantes del teatro, es una delimitación clara del proyecto antes de que arranque definitivamente lo que, parece, se producirá en enero. Sabemos, eso sí, que será el escenario para los espectáculos más importantes de los festivales que organiza la Comunidad de Madrid, a los que habrá que reservar un buen número de días.
Y que Els Joglars será una especie de compañía-bandera del teatro. Mientras, los productores madrileños, que ya se han pronunciado públicamente en varias ocasiones contra la política oficial para la escena, han vuelto a soliviantarse con el nombramiento de Boadella. Y la puesta en marcha de los Teatros del Canal iniciará la cuenta atrás para la presumible desaparición del Albéniz. Esta es una sala imposible para el teatro “de verso” pero muy adecuada para la danza, espectáculos musicales o recitales. Tiene un gran aforo y está en la Puerta del Sol. Cuando se construyó incorporó innovadores sistemas para el soporte de los anfiteatros. Esperemos que, por lo menos, las esculturas de Ferrant se rescaten y exhiban en el nuevo teatro público.