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Te echo de menos...

martes 14 de abril de 2020, 07:36h

Y vamos pasando los días y haciendo, o al menos intentando, que cada día cuente...

Y en este pasar de los días cada vez vamos pensando más... Hoy no me saco una canción de la cabeza y pienso en lo premonitorio que fue Sabina con su “Quién me ha robado el mes de abril” Con el único consuelo de que no me sucede sólo a mi, que ya se ha encargado el COVID 19 de robárnoslo a toda la humanidad, aunque creo que es mejor no pensarlo. Prefiero hacerme a la idea de que aunque nadie nos lo va a devolver, lo estamos viviendo de manera diferente. Al fin y al cabo la vida, nuestra vida, se compone de las cosas que nos suceden, de experiencias y esta, sin duda, nos va a marcar el resto de nuestras vidas...

La verdad es que este abril lluvioso tampoco ayuda mucho a mantener el ánimo, aunque mantenerlo arriba no es una opción, simplemente ¡No nos queda otra! Y es que cada día echamos más de menos... Pero no es un echar de menos sin más. Es un echar de menos de extrañar, de echar en falta, de anhelar, de necesitar... Y seguimos con las paradojas, porque justo en este momento, justo en esta distancia, justo en este instante, es cuando descubrimos que queremos más. Porque descubrimos que el significado real de ese echar de menos es “quiero estar contigo”. Y es curioso porque cuando estamos cerca, no nos damos cuenta, incluso no somos capaces de expresar nuestros sentimientos y es que damos tantas cosas por hechas...

Y en este echar de menos, lo que más echamos en falta es la piel, porque desde niños estamos acostumbrados a eso de que “el roce hace el cariño” y es cierto, ahora es cuando más necesitamos ese roce, esa caricia, ese cariño.

Y me paro a pensar en qué echábamos de menos antes de que el coronavirus viniera a resetearnos y lo primero que me viene a la cabeza es El Tiempo. Tiempo para la familia, tiempo para los amigos, tiempo para descansar, tiempo para leer, tiempo para salir. “Tiempo para mi”, tiempo para estar en casa, tiempo para viajar, tiempo para perder el tiempo... ¡Hasta queríamos añadirle horas al día! Y ahora que de repente, sin planearlo, tenemos ese tiempo, no sabemos qué hacer con él. Y nos volvemos locos queriéndolo ocupar y sobre todo anhelamos que llegue ese momento en el que no teníamos tiempo ni para respirar, en el que todo pasaba tan rápido que no podíamos permitirnos parar... Y es que está claro, para echar de menos necesitamos perder, necesitamos sentir un vacío como el que sentimos ahora. Porque no podemos echar de menos lo que no conocemos, eso lo podemos desear, pero no extrañar... Por eso ahora no echamos de menos unas vacaciones infinitas o una vuelta al mundo, lo que de verdad echamos de menos es nuestra libertad, salir, entrar, quedar, abrazar, besar, una cerveza, una cena, una comida, un café, celebrar un cumpleaños, hacer planes de fin de semana... Y sobre todo, no es lo que echamos de menos sino a quién echamos de menos, que es precisamente con quien disfrutaríamos todas las cosas que extrañamos. Y es que esto se está haciendo muy largo y la incertidumbre se va convirtiendo en desasosiego, en impaciencia... Porque ha llegado el momento en el que echamos tanto de menos, que duele.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que en nuestra ocupada vida teníamos gente que queríamos y no cuidábamos y otros que como nos querían ni nos preocupábamos de ellos, que si nos daban besos de más nos cansaban, que no íbamos a ver o no llamábamos por no dar explicaciones, que quizá como estaban siempre ahí no valorábamos... Pero que hubo un día en el que un virus nos separó de ellos y nos privó de la libertad de ir a verlos y reconfortarnos y recargarnos con la dosis de piel que necesitábamos y que, como si nos hiciera un favor y pareciera haber escuchado nuestros deseos, nos dio tiempo, mucho tiempo, pero nos encerró para que no lo pudiésemos disfrutar y sobre todo compartir. Y ojalá y no olvidemos que no se salió con la suya porque extrañamos tanto, que aprendimos la lección y nos enseñó a cuidar nuestras relaciones y también aprendimos que aunque en un futuro echemos de menos, nunca será por haber echado de más.

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