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¿Es Oriol Junqueras maritainiano?

viernes 12 de enero de 2018, 09:44h

Reconozco que me llamó la atención, por lo poco usual, la argumentación empleada por el líder de ERC Oriol Junqueras ante el Tribunal Supremo: ”Soy un hombre de paz, con profundas convicciones religiosas y siempre he apostado por el diálogo bilateral para solucionar el conflicto político en Catalunya, nunca he defendido cauces violentos”. Vi en su argumentación la utilizada siempre por los jelkides, en contraste con la utilizada por Iker Casanova que solo hace un mes se negó públicamente a condenar la acción armada de ETA.

He ahí la diferencia moral y ética del asunto.

Por eso es bueno recordar de dónde venimos para proyectar al futuro un ideario solvente ya que nuestra lucha cívica nunca ha sido un fracaso y sí lo ha sido la acción de ETA que Casanova se niega a reconocer y sin embargo trata de darnos lecciones de estrategia. Y ahí está la madre del cordero.

Por eso el Lehendakari Aguire continúa siendo una referencia moral de este país y por eso sigue conviniendo indagar el por qué se mantuvieron tan firmes, él y su generación, frente a tanta traición, tanta desgracia, tanta amargura y tanta superchería como aquello de llamar Cruzada a una guerra civil tan cruel bendecida por una Jerarquía que fue todo menos cristiana.

Y nos encontramos con Maritain, principal exponente del humanismo cristiano, a quien el Lehendakari conoció en Paris formando parte de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, en Nueva York hablando de lo divino y humano con él hasta el amanecer y de vuelta en Paris donde tras la guerra mundial. Maritain fue embajador de Francia ante el Vaticano, y presidió en 1947 la delegación francesa en la II Asamblea General de la Unesco en México.

Allí, los vascos exiliados, el presidente era Juan de Robina y el Delegado Antonio Orbe, en agradecimiento ,le dieron la sorpresa de invitarle a cenar, nada menos que con Paul Rivet, eminente antropólogo galo, encontrándose con un comedor lleno hasta los topes que les aplaudían a rabiar.

Parisino, profesor de filosofía en Paris, Columbia, Princenton, Chicago y Canadá, era partidario de una sociedad abierta y plural inspirada en el principio de cooperación entre los diferentes y por tanto defensor de los sistemas democráticos basados en la participación popular ,la libertad ideológica, de culto, y los derechos humanos que entendía enraizaban en la ley natural. Su enfrentamiento al fascismo fue coherente con estos principios de enemistad con el nacionalsocialismo y el comunismo, cuyo ateísmo para él suponía una ausencia radical. Fue muy crítico con el estado burgués, el sistema capitalista y una concepción liberal de la propiedad privada. Sostenía la prevalencia de la persona sobre el mercado y condenaba a la sociedad bienpensante del liberalismo conservador burgués que confundía la dignidad humana con la ilusoria imagen de un individuo abstracto sin dimensión comunitaria ni colectiva.

Maritain fue una de las pocas personalidades mundiales que habían conocido realmente al pueblo vasco y le habían dedicado su mente privilegiada y su corazón. Y es curioso que este conocimiento y esta simpatía naciera en los momentos más dramáticos, cuando nuestra patria era arrasada por los aviones alemanes e italianos al servicio del fascismo español; cuando las armas extranjeras se abrían paso por nuestros valles y montañas regados con la sangre de nuestros gudaris.

En esta etapa difícil, cuando, como el propio Maritain reconocía, éramos calumniados por doquier y nos hallábamos presa de la mayor desilusión, sintiendo en nuestras carnes el abandono de los que se decían católicos, se produjo lo que puede calificarse de gran acontecimiento en la Historia de nuestra patria. Filósofos de la talla de Maritain y de François Mauriac (Premio Nobel de Literatura) se alzaron en contra de los que agredían al solar vasco, denunciando la carencia de cristianismo en los que querían imponer su hegemonía con el poder de las bayonetas, sumiendo a los pueblos en la esclavitud.

Por eso, tras los discursos de agradecimiento a Maritain en el Centro Vasco de México, éste tomó la palabra y brevemente dijo lo siguiente:

"Pensaba que venía a una cena íntima, para reunirme con unos pocos amigos vascos y he visto con sorpresa que se trata de una gran concurrencia.

Muchas gracias, desde el fondo del corazón, en nombre del profesor Rivet y en el mío propio.

Hace mucho tiempo que yo quiero al pueblo vasco. Por su fidelidad a la tradición. Por su integridad.

He admirado las virtudes de ese pueblo vasco en las circunstancias más duras, en los momentos más sombríos. Cuando los vascos eran calumniados.

Fue entonces cuando un grupo de amigos en París, entre ellos François Mauriac, decidimos ayudar a los vascos e ir al fondo de los hechos. Era para nosotros un problema de conciencia. Se acusó a los vascos de ser ellos mismos los que destruyeron Guernica.

El canónigo Onaindia, testigo presencial del bombardeo de Guernica, nos hizo un relato circunstanciado de la tragedia. Al día siguiente lanzamos un manifiesto.

Todo ello, naturalmente, me hizo el enemigo número uno de Serrano Suñer.

Me siento unido a vuestro pueblo, y he guardado para vosotros una amistad profunda.

Estoy emocionado al ver que por lo poco que hemos hecho, se nos corresponde de modo tan efusivo”.

Tras esto, un concierto de txistu, nuestras canciones y para terminar nada menos que la Marsellesa y el Himno Vasco. Maritain y Rivet salieron emocionados. Y eso que los vascos somos unos catetos para mostrar agradecimiento a nadie.

Y es que su voz había resonado contundente. Su razón, la razón cristiana, se fue abriendo paso en un mundo demasiado influenciado por la propaganda franquista. Y los sublevados fueron los primeros en acusar los efectos de esta campaña encaminada a enderezar entuertos, a reivindicar la verdad de la posición vasca. Maritain y Mauriac se enfrentaron a todos. Por nosotros, cosecharon muchas antipatías v enemigos. Pero ellos se debían a la verdad. Eran caballeros íntegramente católicos, auténticamente cristianos, y nuestra tragedia les había llegado al corazón. Era injusto que se nos acusara de atentar contra los intereses religiosos, cuando lo único que nuestra conducta perseguía era salvar al pueblo vasco de una agresión basada en falsas teorías católicas. Era inadmisible que se nos condenara por habernos enfrentado a una sublevación que quería revestirse de una inspiración divina. Argumentos que podrían ser aceptados por ignorantes o apasionados, pero no por quienes examinaran los hechos a la luz de la verdad. Y esta fue la que determinó a Mr. Maritain a enfrentarse con los que pretendían tergiversarla, para echar lodo sobre una país como el vasco, respetuoso siempre con el derecho ajeno, amante en todo momento de la paz cristiana practicante en un universo materializado y egoísta.

Por eso, los vascos no podremos olvidar jamás a estos defensores de nuestra actitud frente al franquismo. A quienes pensaron, como nosotros, y así lo expusieron, que la verdad de Cristo no puede imponerse con las armas en la mano, con el asesinato y el encarcelamiento; que no puede confundirse la Fe con intolerancias de fondo político, como ambiciones e intereses contrarios a la caridad y a la justicia.

Manu Sota escribió: ”Maritain es, para los vascos, el exponente de un espíritu cristiano constructivo, de amplia comprensión de los problemas humanos, que irradia nueva luz -insospechada luz -en este mundo en tinieblas en la búsqueda laboriosa de unas bases sociales armónicas y justas. Sus concepciones de la vida y del futuro del hombre se parecen a las nuestras, como una gota de agua a otra de agua. De ahí, pues, que, al conocernos ambos, nos comprendiéramos. Euzkadi ama a Maritain: Maritain ama a Euzkadi. Y sólo así se explica la corriente de cordialidad existente en el homenaje que le dedicáramos los vascos en México, y en el que el eminente filósofo francés tuvo la gentileza de pronunciar sus sentidas palabras.

“Mr. Maritain, espíritu sensible y recio al mismo tiempo, todo sencillez y bondad, que se reflejan en su continente venerable, de serenidad que asombra y cautiva, ha ganado nuestra alma esquiva y poco expresiva, y ya le llevamos, para siempre, grabado en ella, como se lleva algo muy querido y estimado”.

He querido contraponer las figuras de Iker Casanova y la de Oriol Junqueras para evitar la actual confusión. Lo que defienden son realidades antagónicas. Una persona con valores condena la violencia y sabe, como Maritain, que ninguna causa vale la vida de un ser humano, sin embargo para Casanova, hoy la cesación de la actividad de ETA al parecer no es una consideración moral, sino puro cálculo y tacticismo. De lo contrario haría lo que no hace. Me quedo pues con Oriol Junqueras. Y con Maritain.

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