Ni macroinyección de los bancos centrales, ni oleada de rescates. Cada medida de emergencia, en lugar de servir de estímulo, supone una constatación más de la gravedad de la crisis del sistema financiero. Su magnitud se ve reflejada en una de las peores jornadas en las bolsas mundiales en más de una década. El Ibex no fue el peor parado, y aguantó con una caída del 3,88%, perdiendo, eso sí, los 11.000 puntos.
A falta de los cierres en los mercados americanos, la jornada está registrando las mayores caídas del presente siglo en el conjunto de las bolsas mundiales. El índice MSCI All-Country World Index presenta bajadas del 4,5%, un porcentaje insólito desde el año 1997, con el estallido entonces de la crisis financiera asiática.
Otra crisis financiera, esta vez de alcance más global, es la detonante de toda la tormenta desatada hoy en los mercados. Los inversores tenían que descontar nada menos que cuatro grandes víctimas más de la crisis financiera; tres en Europa, Fortis, Hypo Real State y Bradford & Bingley, y una en Estados Unidos, Wachovia.
Los rescates y nacionalizaciones se están convirtiendo en algo cotidiano, y las quinielas de próximas víctimas de la crisis no dejan de renovarse con nuevos candidatos. Con este panorama, los mercados consideran simplemente como parches medidas tan excepcionales como la macroinyección de capital acordada por los grandes bancos centrales.
El acuerdo sobre el plan anticrisis propuesto en Estados Unidos tampoco sirve de estímulo. Su aprobación se da por hecha. Pero además de estar parcialmente descontada la semana pasada, los analistas tampoco lo ven como una medida milagrosa, capaz de sacar al sistema financiero de la profunda crisis en la que está inmerso.
El incremento de las alertas financieras, y por extensión, económicas, siguió apoyando las subidas en los bonos públicos, al tiempo que reactivó las subidas en los mercados interbancarios, reflejadas en nuevas subidas del euribor.
La ola de rescates financieros con la que amanecieron los mercados europeos pasó factura al euro y, en mayor medida aún, a la libra. La remontada del dólar, junto al empeoramiento de las perspectivas económicas, desinfló un 6% el precio del petróleo, hasta dejar el barril tipo West Texas por debajo de los 100 dólares.
El alivio del petróleo pasó casi inadvertido en unos mercados centrados en la debacle financiera. Sólo en la sesión de hoy, los bancos europeos sufrieron un desplome medio del 7,7%. Entidades como Hypo Real State y Dexia lideraron estas caídas.
La banca española aguantó mejor que el resto del sector europeo el chaparrón bajista de hoy. Su mayor resistencia permitió al Ibex cerrar con bajadas del 3,88%. En el resto de bolsas europeas los descensos superaron el 4%. El Eurostoxx50 se dejó un 4,7%, el Cac francés un 5%, el Mib italiano un 4,9%, y el Dax alemán un 4,23%.
Lo que no pudo evitar el Ibex fue perder la referencia de los 11.000 puntos. Al cierre, se quedó en 10.945,7 puntos, acercándose a sus mínimos desde finales de 2005, los 10.631 puntos del pasado 18 de septiembre.
Sólo uno de los 35 valores del Ibex logró resistir en positivo, Red Eléctrica, aprovechando su perfil defensivo. En el extremo opuesto, hasta cuatro valores sufrieron pérdidas de dobles dígitos. Iberdrola Renovables bajó un 11,17%, las constructoras Sacyr y Acciona un 10%, y Técnicas Reunidas otro 10%.
Energéticas y constructoras salieron incluso peor paradas que los bancos españoles. Banco Popular fue el más penalizado del sector, al ceder un 5,75%. Sabadell y Bankinter perdieron un 4,5%, y Banesto un 4,3%. Los dos grandes, Santander y BBVA, bajaron un 4,2% y un 4,06%, respectivamente. En el caso del Santander, además, la jornada deparó una nueva compra, la de los activos del británico Bradford & Bingley.