El secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, dijo que "no hay mucho apoyo" en el interior del país al lock out del campo y consideró que "hay que bajar los decibeles" porque "sólo se sale del conflicto con más producción". En este sentido exhortó a "apostar al diálogo" para avanzar en la construcción de un plan.
El funcionario además, afirmó que "con el tema de los cortes de ruta sufrimos todos".
"Hemos conversado con gente del interior, de distintas ciudades y me parece que no hay mucho apoyo, nadie quiere volver a lo que vivimos y nosotros creemos que hay cosas que se están construyendo, apostando al diálogo", dijo en radio 10.
En el mismo sentido Cheppi resaltó la "incertidumbre" que genera la situación financiera internacional y pidió ser "serios y cuidadosos" a la hora de tomar medidas de protesta.
"Hay una incertidumbre mundial y con las condiciones internacionales tan complejas que existen, tenemos que ser muy cuidadosos y serios. Hoy, cualquier impacto fiscal hay que medirlo muy bien porque la incertidumbre que tenemos es muy grande", dijo.
Por eso instó a continuar el trabajo conjunto "en la búsqueda de medidas que nos lleven a poder sobrepasar esta coyuntura" con vistas a "una producción mayor".
"Tenemos las propuestas y hay que encontrar los caminos y no hay forma de hacerlo si no nos ponemos de acuerdo", insistió Cheppi.
El secretario enumeró "las reuniones que tenemos con la Mesa de Enlace también en el interior" ya que la construcción de un plan general "se hace también con las distintas provincias".
"Hay que construir ese espacio y nosotros estamos dispuestos", sintetizó.
La mesa de enlace dispuso que en estos seis días, no enviarán ganado vacuno en pie a los mercados ni granos a las industrias ni a los puertos de exportación, en un intento por presionar al Gobierno en una de las principales fuentes de recaudación tributaria, la venta de materias primas al exterior.
La huelga representa el regreso a las protestas agropecuarias tras el relajamiento del conflicto logrado en julio, luego de que el Parlamento, con el voto decisivo del vicepresidente , Julio Cobos, rechazara el esquema de impuestos móviles a las exportaciones de granos que detonó la pelea con el Gobierno en marzo pasado.
Pese a que desde entonces los impuestos han vuelto a aplicarse bajo una tasa fija, los productores aseguran que su situación es peor a la que vivían en marzo por el aumento de costos, el bajón de los precios internacionales de los granos y una sequía que muchos consideran la más severa del último siglo.
El Gobierno se mostró "sorprendido" por el nuevo paro agrario que ve con fuerte contenido político y el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, consideró que la medida "no beneficia a nadie" y que los dirigentes rurales deberían tener una actitud de diálogo.
La presidenta Cristina Fernández insistió en que en Argentina "ningún sector pueda prevalecer sobre el resto o imponerle condiciones o tomar de rehén al resto de la sociedad, menos aun en estas épocas que corren".
Mientras, el presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, recordó que las patronales acudieron a dos reuniones con el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, "y no se resolvió nada".
La protesta se inició con un centenar de concentraciones de productores rurales en diferentes puntos del país y aunque las entidades pidieron a las bases no bloquear carreteras como en anteriores huelgas, no se descarta que puedan producirse algunos cortes.
El campo llega a esta nueva protesta en un contexto económico, político y social muy diferente al que primó entre marzo y julio último, el período más agitado de la confrontación.
Una de las diferencias sustanciales radica en el apoyo social a la protesta rural, masiva en la primera mitad del año, y que ahora es apenas del 30 por ciento, según sondeos privados.
También en el plano político los dirigentes rurales cuentan con apoyos menos explícitos de figuras de la oposición que otrora se habían puesto la camiseta del campo y que ahora ven con cierto recelo la escalada de los líderes agropecuarios en el escenario nacional.
El Gobierno salió maltrecho de la primera etapa del conflicto, con el voto negativo de Cobos a la modificación de las retenciones, la renuncia del entonces jefe de Gabinete Alberto Fernández y una caída de la imagen positiva de la presidenta hasta el nivel mínimo del 20 por ciento.
Desde julio, esa imagen se ha recuperado 8 puntos, aunque aún está muy por debajo del 56 por ciento del inicio de su gestión, en diciembre pasado.
Las circunstancias económicas también cambiaron sustancialmente, con una crisis financiera global de final abierto, incluso para Argentina, uno de los principales exportadores mundiales alimentos a mercados donde el consumo tiende a desacelerarse.
Mientras en lo peor del conflicto agrario los precios de los granos estaban en niveles récord, ahora los valores bajan, con una depreciación del 40 por ciento desde julio para la soja, el producto estrella argentino.
Por la época del ciclo de producción, el sector también tiene menor poder de presión, ya que en la primera mitad del año retenía la mayor parte de la cosecha de la campaña 2007-2008 y ahora está prácticamente liquidada.
Eso hace que molinos y exportadores cuenten con existencias para operar sin sobresaltos en el corto plazo y solo podrían registrar dificultades si la protesta se extiende más allá de lo anunciado.
En el mercado de hacienda Liniers, el principal del país, la huelga comercial no se hizo sentir en la jornada del viernes, ya que ingresaron unas 9.200 cabezas de ganado vacuno, en línea con el promedio de los viernes.