Carmen Franco sigue pensando que España es de papá
lunes 20 de octubre de 2008, 11:06h
Actualizado: 23 de octubre de 2008, 10:03h
Manda narices con Carmen Franco. Ahora que, no me extraña nada su petición. Le suele pasar a la gente que siempre ha vivido rodeada de privilegios y los que les cuesta aceptar y de qué manera que la época del franquismo terminó y la época de los derechos para unos pocos y deberes para la plebe terminó en 1789.
Carmen Franco es producto de una educación que en este país no ha desaparecido en absoluto. Su manera de pensar consiste en que por ser quienes son (normalmente presumen de apellidos ilustres) pueden estar por encima de todas las cosas. Para ellos las normas no existen y como tal, se las saltan. Y en estas normas se incluyen todas las que hacen que tengamos una mejor convivencia: las de tráfico, las de esperar una cola, las de hacer unos trámites, las de convivir, vaya.
Algunos suelen repetir la frase de “no sabe con quién está usted hablando”, o simplemente no se dignan a discutir con quien consideren por un rango inferior a ellos. Y eso incluye a la inmensa mayoría de la gente con la que conviven a diario. No suelen inmutarse ante las críticas que les hacen, están convencidos de poseer la razón y por lo tanto ni se les pasa por la cabeza discutirlas. Carmen Franco está convencida de que tiene razón, para ella el Pazo de Meirás es su casa, y legalmente lo es aunque de manera bastante ilegítima. Y por ello se niega a abrirlo para que la gente lo visite. En su fuero interno ella no piensa que el regalo fue una injusticia. Ella lo que piensa es que la injusticia es que le obliguen a abrirlo o a devolverlo. Porque para ella el concepto de justicia es: siempre ha habido clases.
La vida de este tipo de personajes está llena de detalles que los retratan que daría para un manual de lo que ellos pueden referirse a buenas maneras y el resto de los mortales a más cara que espalda. Por ejemplo, las innumerables veces que tienen que dirigirse a lo que ellos llaman “servicio” y que incluye cualquier trabajador en el empeño de sus funciones domésticas y hosteleras, su tono es más que revelador. Para este tipo de gente es un fastidio tener que hablar con gente que ellos consideran muy por debajo de sí mismos y cuando lo hacen es con una condescendencia que raya lo absurdo.
Carmen Franco es un prototipo de estos ejemplos. Pero es que es muy difícil que una persona que creció creyendo que España era de su padre, no piense de esa manera. Con la muerte de su padre perdió muchos privilegios pero ella pareció no darse por aludida. Con el Pazo de Meirás pasa exactamente lo mismo. Ella considera que es legítimo que le pertenezca como también considera natural ser Marquesa sin que por su sangre corra ni una gota de sangre aristócrata. Pero ese tema vamos a dejarlo porque la pobre ya sufrió lo suyo cuando joven al ser constantemente despreciada por la Casa de Alba fiel seguidora, como se sabe, de la causa Borbón.