Señor Presidente electo de los Estados Unidos: Como usted bien lo sabrá, se ha desatado alrededor del mundo una auténtica Obamanía en relación a su figura y a las expectativas sobre su próximo gobierno. No seré yo la excepción. Al igual que todos los columnistas del mundo, me referiré e usted en estas líneas, abandonándome a la ingenua fantasía de que algún miembro de su entorno lea las humildes opiniones de este ciudadano boliviano.
Permítame primero expresarle mi admiración por tan extraordinario triunfo. Haber derrotado a los señores Clinton y al señor McCain parece una verdadera hazaña, sobre todo en su condición de afroamericano; se lo dice alguien que vive en un país en donde el racismo ha sido una institución omnipresente durante siglos. Supongo que esa victoria responde parcialmente a una brillante estrategia de marketing electoral basada en la necesidad de cambio.
Le confieso, presidente electo Obama, que me cuesta imaginar cuál es la naturaleza y el alcance del cambio que usted propone, en circunstancias tan difíciles para la economía de su país. Pensará usted que este es un asunto que no me incumbe, pero lamentablemente debo decirle que todos los ciudadanos del mundo ya estamos pagando las consecuencias de la descontrolada codicia de unos pocos privilegiados en su país. Es más, en el caso de mi país, venimos pagando hace mucho tiempo el costo de la imposición de un modelo económico promovido por organismos controlados por los EEUU, que, curiosamente, nos coaccionaron para aplicar políticas que ellos mismos no aplicaron en el suyo. También me afecta directamente, a mí y a mis hijos, el rumbo de la economía de su país en su insostenibilidad estructural con el medio ambiente mundial.
Como boliviano, creo que las relaciones entre nuestros países deben sufrir un profundo cambio. Cuando a usted le informen de Bolivia, verá usted que las inversiones e intereses económicos americanos aquí son mínimos, que la droga que acá se produce no llega masivamente a su país, y que no representamos ningún riesgo en términos de terrorismo internacional. También le recordarán que el embajador de su país y la DEA han sido recientemente expulsados, acusados de injerencia y conspiración, lamento decirle, y no por fuentes de mi gobierno, con mucha razón.
Al respecto quiero decirle, con todo respeto, que veo muy difícil cualquier cambio positivo en nuestras relaciones, sin un previo cambio en el malhadado discurso norteamericano acerca de su rol de guardián de la democracia y la libertad. Debe usted saber, señor Presidente electo, que su país no ha dudado en subvertir en el pasado la democracia en nuestra región, instalando gobiernos militares, cuando sus intereses políticos así lo requerían. Comprenderá también que nos es difícil comprender las inconsistencias de la política exterior de su país, cuando se trata de las estrechas amistades, por ejemplo, con Arabia Saudita.
Personalmente, estoy convencido de que la única manera de reencauzar nuestras relaciones será a través del respeto a nuestras diferencias y a nuestra soberanía. Los bolivianos estamos, por iniciativa propia, afrontando, no sin pocas dificultades, el desafío de construir una democracia más legítima y un modelo económico que no es obligatoriamente el que ustedes pregonan. Aunque seamos un país insignificante, tenemos una antigua y rica cultura que pretendemos conservar; tenemos nuestros reparos en una globalización tal como hoy está planteada, y, fundamentalmente, hemos decidido forjar nuestro futuro al margen del tutelaje que su Estado, hasta hace muy poco, ejercía sobre el nuestro.
Aunque comprendo que no estamos en su lista de prioridades, creo que usted, señor Presidente electo, tiene la histórica oportunidad de reconstruir las relaciones de poder en el mundo y recuperar el liderazgo moral de su país, que algún día todo el mundo tanto respetó y admiró.
Atentamente,
*Ilya Fortún
es comunicador social.