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Antojos destructivos

Antojos destructivos

sábado 27 de diciembre de 2008, 20:54h

Un centro comercial como ese iba a ser una importante fuente de ingresos al fisco municipal

No es difícil prever que, de aprobarse la enmienda, vendrán tras ella todas las propuestas modificatorias de la Constitución, tal como lo escribimos en días pasados. Para muestra basta un botón: el asunto del Sambil de la Candelaria.

En algún recorrido casual por la avenida Urdaneta, el Presidente debe haber pasado a un lado de la inmensa construcción que está por terminarse y, como lo ha venido haciendo con diversas empresas de producción y servicios, decidió que esa construcción era demasiado para el sector privado y debía pasar al sector público. Así, lo que fue proyectado, permisado y construido como un centro comercial, debe pasar a control gubernamental para que allí funcione aún no se sabe qué cosa. El simple antojo presidencial echa por la borda el esfuerzo de años y la inversión privada.

Ante la ausencia de obras de importancia para la ciudad de Caracas el Presidente se apropia de lo que otros hicieron para ofrecerlo a la ciudad. Nada nueva esta política, así el Teatro Teresa Carreño ahora es el centro de convenciones del partido de gobierno, para transmitir los interminables monólogos presidenciales en castigo a la programación cultural del ex centro cultural más importante del país.

Ningún hospital ha sido construido, como tampoco los viejos hospitales existentes han sido reacondicionados, pero se toma un centro comercial para quizás hacer un hospital, o una universidad, o quién sabe qué nuevo delirio revolucionario.

Luego de tres años de construcción, cuando ese centro comercial se acerca a la finalización de la obra, cuando los dueños cumplieron con las mejoras viales y de circulación peatonal, cuando toda la permisología fue firmada por Bernal, cuando sus propietarios invirtieron (creyendo en Venezuela) una inmensa cantidad de recursos, cuando más de ciento cincuenta comerciantes han adquirido derechos sobre los locales seguramente endeudándose con el sistema bancario nacional, el presidente se antoja de la edificación.

Más de tres mil futuros empleos directos y unos ocho mil indirectos, acaban de ser afectados y han desaparecido como posibilidad sólo con el anuncio presidencial de no permitir el uso que la permisología municipal de un gobierno revolucionario había autorizado para semejante inversión. Pero el ejemplo no es lo único que se esfumará con este antojo presidencial. La inversión privada del sector inmobiliario propia o extranjera se esfumará también.

Los municipios, más allá del dinero proveniente del situado constitucional, dependen de la propia recaudación de ingresos para lograr la prestación de los servicios públicos que por ley les corresponden. El impuesto a las actividades comerciales e industriales constituye la principal fuente de ingresos municipales. Un centro comercial como ese iba a convertirse en una importante fuente de ingresos al fisco municipal de Libertador. Ahora será transformado no en un ente generador de rentas sino en un centro productor de gastos. Es decir, de círculo virtuoso a círculo vicioso. El caraqueño será el más perjudicado, justo antes de iniciarse un año que no pinta muy bien económicamente, esta edificación a expropiar generará gastos y ningún ingreso, incluyendo la indemnización que deberá pagársele a sus propietarios.

Pero más allá de la afectación local, los efectos de esta medida atentatoria contra la propiedad, da una señal muy dura en contra de la inversión inmobiliaria. Desde ahora todos los inversionistas pensarán mucho si comienzan o no un nuevo proyecto de desarrollo comercial, habitacional o industrial, y los que están construyendo ya cualquier desarrollo, deben estar rezando para que el presidente no pase ni cerca, no vaya a ser que se antoje también de otras propiedades privadas.

¿Habrá pensado alguien en el gobierno que tomar una medida así causa gravísimos daños a la inversión inmobiliaria y paralizará la construcción de nuevos desarrollos? El recorte en el sector será monstruoso, una inmensa cantidad de trabajadores saldrán a engrosar la fila de desempleados que voltearán al gobierno para que les supla sus necesidades. El sector hipotecario que financia los desarrollos también se afectará de manera directa. Y todo el espiral seguirá sólo por un antojo presidencial.

La acción contra este centro comercial no es aislada ni será la única. Es parte de una concepción revolucionaria conforme a la cual todo lo privado es pecaminoso y debe o desaparecer o terminar siendo dependiente del gobierno central, al igual que el propio pueblo que debe terminar teniendo un solo patrón, el gobierno revolucionario, en manos de un solo hombre, por tiempo indefinido.

gblyde@cantv.net

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