martes 06 de enero de 2009, 23:52h
Actualizado: 09 de febrero de 2009, 17:24h
La frase pertenece al ex presidente Eduardo Frei Montalva. La pronunció en 1958 ante un momento político crucial para la naciente Democracia Cristiana. Más recientemente, la ha repetido su hijo, el ex presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle. La usó para referirse a un caso policial, el asesinato de su padre. Hoy, la frase nuevamente cobra vigencia. Y otra vez un Frei será protagonista.
Esta es la anécdota histórica. Pero siempre que la verdad es utilizada en política, uno, con justa razón, se pregunta ¿a qué se referirá? Coincido con Harold Pinter cuando, al recibir al Premio Nobel de Literatura, en 2005, sostuvo que los políticos, “según las evidencias de que disponemos, no están interesados en la verdad sino en el poder y en conservar ese poder. Para conservar ese poder es necesario mantener al pueblo en la ignorancia, que las gentes vivan sin conocer la verdad, incluso la verdad sobre sus propias vidas”.
Nos acercamos a una nueva etapa electoral y otra vez la verdad tendrá su hora. Sin duda, será otra verdad distinta la que se buscaba en 1958. Diferente también a la que anunció el líder derechista Sebastián Piñera recientemente, tratando de vestirse con lenguaje democratacristiano, que los democratacristianos reconocen y, me imagino, agradecen. Porque, al menos en este momento, la única verdad que persigue el candidato de la derecha es rasguñar algunos votos a la Democracia Cristiana (DC). Sabe que allí está su posibilidad de alcanzar La Moneda. No tiene campo para crecer hacia otro lado. Son los electores de centro derecha que simpatizan con la DC los que él apetece y requiere.
Pero Frei representa cabalmente a ese mismo sector y con más propiedad. Se ha quedado allí. No abandonó la cuna DC para virar a la derecha, como Piñera. Aunque, en términos reales -buscando la verdad, esa que es esquiva a los políticos- el mundo de Frei y de Piñera no son muy diferentes. No me imagino proyectos de país contrapuestos entre ambos. Al menos no con contradicciones fundamentales. Sin embargo, en el pasado, el otro Frei cerró la puerta a un entendimiento con la derecha, que fue la que posibilitó su abrumadora elección, en 1964. Tal vez actuó con soberbia, creyendo que el respaldo multitudinario que alcanzó luego del retiro del candidato derechista, Julio Durán, le pertenecía. Cuanta ceguera produce la soberbia. Y con que frecuencia la vemos en la política.
Esa vez, Frei Montalva impidió el triunfo de Allende. Pero sólo sería una postergación. Y luego, también con ceguera, encabezó las maniobras para el golpe militar. Tal vez, el deseo de recuperar el poder lo hizo actuar ciegamente otra vez. Le costó la vida.
Así es la verdad. Cuando se la busca, es posible encontrarla. Hoy, claro, las cosas han cambiado. Pero, como diría Pinter, la verdad sigue siendo amañada. Y para ello la realidad cambiante aporta un escenario con luz difusa, buscadores que desorientan y brillos que encandilan. La verdad sigue siendo la misma. Sin embargo, hoy a nadie se le ocurriría -en la Democracia Cristiana o en ningún otro Partido- hablar de “vía no capitalista de desarrollo” o de socialismo comunitario. Y hay quienes hasta dudarían de hablar de socialismo a secas.
La verdad tiene que ver con la realidad. Pero no hay que confundir a ésta con el realismo que desemboca en el pragmatismo. Como tampoco hay que confundir una posición de principio, con una actitud conservadora. En el primer caso, los ejemplos sobran. Se producen a cada minuto. Muestran un Chile sometido bajo la presión del “fascismo del entretenimiento”, como llama Peter Sloterdijk a la sociedad consumista en que vivimos. Entre los segundos, es frecuente constatar posiciones cargadas de melancolía por un pasado que se fue. Por eso es que hay conservadores de derecha e izquierda. En resumidas cuentas, ni los unos ni los otros sirven para acercar a la gente a la realidad o para construir caminos que conduzcan a la felicidad.
La verdad tendrá nuevamente su hora. Será el instante en que se deberá decidir entre un empresario que quiere echar mano al poder político y un tecnócrata que ha aprendido a ser político. Los esfuerzos de Piñera se orientarán a convencer a todo democratacristiano posible de que el hombre que representa su ideología es él y no Frei. Es más, veremos sus esfuerzos encaminados a sostener que el senador democratacristiano es un tránsfuga. Que aunque permanece en el Partido, ha abandonado buena parte de su bagaje ideológico. Tarea compleja, pero hecha para la verdad que propaga la política.
Mientras, a Frei le corresponderá descalificar a Piñera por estar atrapado en la maraña de sus intereses empresariales. Pero, a la vez, deberá hacer guiños importantes para impedir que simpatizantes DC con el corazón a la derecha se sientan obnubilados por el emprendedor Piñera. Para Frei será una hora de la verdad que enfrentará con el discurso -aunque no con el corazón, espero- partido. Porque también se verá obligado a profundizar un mensaje que abra puertas en la izquierda. Su anunciada variante estatista con el Transantiago fue un buen paso de baile. Pero la coreografía parece compleja. Los conservadores de su propio partido, que no son pocos, verán con malos ojos acercamientos al Partido Comunista, o, en general, a la izquierda extra parlamentaria.
Habrá que esperar la hora de la verdad, aunque la verdad no es el objetivo de la política.
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Wilson Tapia V.
Periodista