Si el Libertador observara lo que ocurre no le quitaría una coma a lo que escribió en Angostura
Tras diez años de cadenas y manipulación de la historia, creo, con un colega que hace unos días lo dijo a viva voz, que ya es tiempo de mantener a Bolívar en su nicho del Panteón y recordarlo como una de las grandes figuras de comienzos del siglo XIX. Que de él se ocupen nuestros acuciosos historiadores, que busquen e interpreten su actos y consecuencias, pero por favor también deseamos que quienes hacen política 179 años después de su muerte, quienes han clamado hasta la saciedad que son sus fieles seguidores, sean consecuentes y obedientes del credo que han construido.
¡Cómo han abusado de sus palabras, imágenes y eventos en los que fue protagonista! En su nombre han cambiado la designación del país, las escuelas, el nombre de las fuerzas armadas, los acuerdos comerciales y hasta la ideología del régimen. Casi una religión, Bolívar convertido en deidad y sus sacerdotes citando sus palabras para justificar cualquier cosa. Como en otras religiones, también se va desarrollando un ritual y, en sucesivas leyes y decretos, emana una suerte de derecho canónico bolivariano: Bolívar perseguido por los ricos, Bolívar el amigo de los pobres, Bolívar cooperativista, Bolívar magnánimo, Bolívar milagroso, Bolívar revolucionario, Bolívar antiimperialista, Bolívar socialista, Bolívar maestro, Bolívar jurista, Bolívar marxista y así, ad infinitum.
Irreverente, pero hábil, por un tiempo, la estrategia de usar el pensamiento de Bolívar para justificar cualquier acto o desaguisado del gobernante de turno. Lo usaron durante la Guerra Federal, también lo empleó Guzmán Blanco quien en 1881 creó el estado Bolívar y no se quedó atrás Cipriano Castro, Arcángel del nuevo rito. Lo hizo la monaguera y Gómez también. Pérez Jiménez se las daba de bolivariano y como también le gustaba cambiar las cosas, le cambió el nombre al país que se llamaba, desde 1864, Estados Unidos de Venezuela por el de República de Venezuela. Cambiaron la Constitución, no se ha escapado la bandera y no pocas fueron las veces que le torcieron el cuello al caballo del escudo. Siempre, desde luego, en nombre de Bolívar.
Pero de pronto, porque hay gente que lee e interpreta, aparece la frase de Angostura y, como es de esperar, los grandes sacerdotes, émulos de Torquemada, claman de inmediato: ¡Lo están citando fuera de contexto! ¡Sólo nosotros, los ungidos, somos capaces de interpretar al Padre de la Patria! ¿Cómo se atreven? ¡Sacrílegos, golpistas y pitiyanquis!
Bolívar no se refería al gobernante actual, de hecho la frase de Angostura pareciera reflejar una idea general, tan válida en el siglo XIX como en el XXI: que no es bueno para ningún pueblo el ser mandado por el mismo hombre por demasiado tiempo, en particular, agregamos, cuando lo ha hecho tan mal.
Como también me puedo tomar la licencia de interpretar a Bolívar, me parece probable que El Libertador, si observara lo que está ocurriendo, no le quitaría una coma en el 2009, a lo que escribió en Angostura casi dos siglos atrás.