Alguien debería recomendar que contra el pecado capital de la gula existe la virtud no menos capital de la templanza. Quizá, desde el lado laico de la barricada, aunque por motivos menos espirituales que nuestros santos prelados, debería ser la ministra de Sanidad, Elena Salgado, la que nos sirviera a todos de recordatorio social, ¿verdad?. No hay que comer en exceso... No hay que pasarse en la ingesta alimentaria ni aunque seas alguien que abandona una huelga de hambre... Lo que yo os diga, amadísimos, globalizados, megaletileonorizados y estupefactos niños y niñas que me leéis.
Fijaos, por ejemplo, en Ignacio de Juana Chaos, que ayer le trasladaron a un hospital vasco, después de ciento y bastantes días de huelga de hambre, con sueros y sonda nasogástrica incluidos. Bueno, en las fotos sacadas de tapadillo, el hombre es que estaba a punto como para desfilar en la Gala de Encapuchados Anoréxicos. En las facultades de medicina españolas, para las clases de Anatomía General de primer curso es fama de que hay esqueletos más rollizos qu el tipo ese del pistoletazo en la nuca. Y, aún y así, este último finde, le quedaban ganas --¿también fuerzas?—para el revolcón hospitalario con su novia. Quizá porque una cosa es pasar hambre y la otra es resistirse a las pulsiones de la líbido. O sea, que al recluso hospitalario de Iñaki no le iría nada mal, pese a conculcar el quinto mandamiento, el “No matarás”, oponer al pecado capital de la lujuria la virtud de la castidad. Iba a decir que cumpliese también con el sexto, “No fornicarás”, pero el quídam en cuestión lleva años fornicando mucho y a muchos, incluso sin necesidad de empuñar una pistola de 9 mm parabellum.
Bueno, ya sé que este cambio de estado carcelario del pistolero digamos que ha puesto de los nervios a más de uno y a más de dos. Pero así es la Ley. Dura Lex, sed Lex. Especialmente si la interpreta un juez. Un bocado muy difícil de tragar para millones de españoles/as... pero todo escrupulosamente legal, ya que la correcta aplicación de la Justicia excluye, en cualquier Estado de Derecho que se precie, la venganza. Eso sin querer mencionar que, además, De Juana era un pésimo ejemplo cívico. Porque mataba, claro. Bueno, además de por eso... El tipo estaba demostrando que con la anorexia se pueden obtener buenos dividendos.
¿Y ahora qué?, os preguntaréis muchos/as de vosotros/as, pequeñines/as míos/as... Bueno, ahora, al menos Iñaki de Juana, a comer, que ya son horas. Y, eso sí, para comer, como en las Vascongadas casi nada. Ahora debe quitarse las hambres atrasadas. Volver a las menestras de verduras, al txangurro al horno, al besugo a la donostiarra, a las kokotxas, al bacalao al ajoarriero o al pil-pil, a las morcillas de Okendo, a los chuletones de dos kilos y, de postre, cuajada con miel y canutillos de Tolosa. Manjares sabrosos, naturales y de corte sencillo. Todo como muy vasco.
Claro que, a lo peor –para muchos a lo mejor—De Juana, una vez vencida la anorexia inicial, pues resulta que cae en su polo contrario, la bulimia. Y de ser así, a lo peor –para muchos a lo mejor—pues va y resulta que revienta de un atracón. Los dos únicos que lo sentiría, cosa curiosa, serían Juan Carlos Rodríguez Ibarra (“procura, Alfredo, que este cabrón no se nos muera”, dijo el otro día) y, por supuestísimo, el ministro del Interior, Rubalcaba. Excepto ellos, hasta los batasunos estarían encantados de tener un mártir. Por lo tanto, quizá convendrá que sea Elena Salgado, la ministra de Sanidad, la encargada de supervisar la dieta para este preso atenuado. Que no vuelva a caer en la anorexia, pero mucho menos en la bulimia. Y, especialmente, que no vuelva a pecar de lujuria...