Ojalá que Mariano Rajoy no tenga que asombrarse de que otros descerebrados intenten descerebrar a quienes discrepan de ellos.
Defiende el PP el derecho a manifestarse. Sin duda que todo español puede salir a la calle para expresar su opinión, a gritos o en silencio. Cierto, también, que hay unas reglas mínimas de convivencia que se deben tener en cuenta para el buen orden de esas manifestaciones y que dichas reglas no siempre se respetan. No me parece preocupante que en unas manifestaciones aparezcan banderas republicanas y en otras banderas españolas de las de antes de la Constitución. Otra cuestión es el significado que ello tenga.
Los de la enseña republicana, que se sepa, no son miembros de grupos violentos, aunque si son anti sistema. Entre los que hacen ostentación de la bandera del ‘aguilucho’ se encuentran individuos relacionados con asesinatos --Muguruza en Madrid-- y agresiones a emigrantes, aunque la última detención haya sido por tráfico de drogas. Pongamos que hablo de Ricardo Sáenz de Yniestrillas.
Pues bien dice el PP que ellos no pueden impedir a nadie que se manifieste con ellos. Verdad, pero si puede no manifestarse con ‘ellos. Y, sobre todo, lo que ni puede ni debe hacer es dar argumentos de entrepierna a quienes tienen el cerebro en las gónadas. Lamentar después las consecuencias porque alguien lleve a sus últimos extremos el discurso es una actitud hipócrita.
El PP está en su derecho de opinar en contra de la atenuación de la pena de prisión al etarra Iñaki de Juana Chaos. Pero excita las bajas pasiones cuando, faltando a la verdad, da a entender que se le libera sin haber cumplido la pena por sus crímenes --la condena por los 25 asesinatos la cumplió, ahora le falta un año por un delito de opinión--.
El PP puede, aunque no debería si respeta el Pacto por las Libertades como dice, criticar al Gobierno por la decisión adoptada con respecto al etarra, pero busca revolver el avispero cuando miente al afirmar que el Estado de Derecho ha cedido al chantaje y el Ejecutivo es cómplice de los terroristas.
Porque si de verdad pensara eso tendría que plantear ante las altas instancias del país, y sólo se me ocurre el Rey, el Tribunal Constitucional o el Consejo de Estado, una salida a la gravísima situación, toda vez que no cabe en cabeza alguna que un terrorista ocupe la presidencia de un Gobierno democrático.
Pero el PP no llega a tanto. Su pretensión es mucho más modesta y tramposa: lograr un adelanto de las elecciones e intentar ganarlas con el argumento de que votar al PSOE es dar amparo a los terroristas.
Lo cual es acusar de complicidad con el terrorismo a diez millones de españoles, los que el 14-M de 2004 decidieron libremente que querían de presidente a Zapatero y no a Rajoy. ¿Y sí el pueblo español, convocado a las urnas, vuelve a dar la mayoría al “amigo” de los etarras”?
¿Sacaría el PP a la calle a los suyos para dar la vuelta al resultado de las elecciones? Posiblemente el PP no, pero nada impide que los descerebrados a los que ‘alimenta’ decidan solucionar el 'problema' por la brava.