El ataque tuvo lugar esta mañana en la localidad de Dera Ismail Khan, situada en la Provincia de la Frontera Noroeste, cuando unos 1.500 musulmanes chiíes acudían a una mezquita para participar en el funeral de un hombre asesinado el pasado jueves.
"Fue un atentado suicida. El agresor se infiltró en una procesión funeraria chií y se hizo estallar. La Policía ha recuperado su cadáver desfigurado y ha iniciado la investigación", declaró por teléfono un portavoz policial en la provincia.
Tras la explosión, decenas de personas enfurecidas atacaron un puesto de control policial cercano, y comenzaron a lanzar piedras y destruir vehículos en protesta por la supuesta negligencia de la Policía en su tarea de protección de la marcha funeraria.
Ardieron propiedades y tuvieron lugar varios tiroteos, lo que llevó a la mayoría de las tiendas y mercados a cerrar sus puertas tras el ataque y dificultó el traslado de heridos a los hospitales.
De hecho, la cadena Dawn TV informó que muchos doctores huyeron de los centros hospitalarios al tener noticia de que la multitud se dirigía enfurecida hacia ellos, aunque más tarde la Policía logró que volvieran a sus puestos para atender a los heridos.
En vista de los disturbios, las autoridades ordenaron el despliegue del Ejército paquistaní -con orden de disparar a matar- y decretaron un toque de queda que estará vigente dos o tres días para controlar "la violencia sectaria", declaró el oficial Mohsin Shah al canal Dawn.
La multitud, según Geo TV, se enfureció por el fracaso de la Policía en las tareas de protección de la procesión funeraria, a pesar de que la zona había registrado en el pasado atentados en circunstancias similares y altercados entre suníes y chiíes.
Tanto el primer ministro de Pakistán, Yusuf Razá Guilani, como el presidente, Asif Alí Zardari, se apresuraron a condenar el atentado de este viernes y aseguraron que la amenaza terrorista no logrará doblegar al Estado, según Geo TV.