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La Maga

La Maga

sábado 10 de marzo de 2007, 10:08h
Actualizado: 19 de noviembre de 2007, 17:29h

No se trata, esta vez, de la pareja de Olivera, ni de la madre de Rocamadour, aquella mujer que cruza los puentes de París en La Rayuela de Julio Cortázar. Esta vez se trata del nombre de una banda de blues que conmueve la plácida noche cruceña en los laberintos del Café Lorca, una esquina de la plaza 24 de Septiembre desde cuyos balcones se observa un inenarrable mitin exigiendo la suscripción del contrato con la empresa Jindal sobre el Mutún cuando se acerca la medianoche. El lugar está casi desierto pero una melancólica y lejana música acompaña esa protesta de una manera casi surrealista. Arribo al café después de la presentación de www.plazapublica.org, un estupendo portal electrónico promovido para fortalecer nuestras convicciones ciudadanas merced al empeño de CEPAD y AVINA y su apuesta por la información responsable. Y si usted amable lector hace un recuento de lo relatado hasta aquí quedará tan sorprendido como este columnista con hernia de disco ante semejante secuencia de hechos que nos dicen que en Santa Cruz suceden muchas cosas juntas. Por ejemplo, música y política, nuestras debilidades nacionales.

Subo las gradas del Lorca respondiendo a una convocatoria de Lucho Andia y su guitarra que aglutina a otra banda blusera, La Resistencia, que anda organizando un insólito homenaje a Pappo Napolitano, ese músico argentino cuyo antro en el barrio de La Boca fue visitado por todos los bluseros del planeta para darse el gustito de tocar con él. Y también son argentinos dos de los tres miembros que conforman La Maga (en la batería… Hugo Urquiza, en el bajo… Juan Navajas y Marcelo Gala, the boss, haciendo gala de su talento con la guitarra y la voz) que no dejan pasar la oportunidad para refregarme en la cara ese gol que metió Palermo desde media cancha para orgullo de los fanáticos de Boca. Soy el único hincha de River en el boliche y como juego de visitante solamente me queda sonreír ante semejante coyuntura y aplaudir cada vez que ellos agarran sus instrumentos y se lanzan a entonar unas rolas con acompañamiento de una feliz armónica que convierte el trío en cuarteto para solaz de los parroquianos. Música y fútbol, qué más se puede pedir.

Porque Marcelo Gala, antes de conducir este grupo, liderizó “La Marco Antonio Etcheverry Blues Band”, rutilante nombre que lo exime del desperfecto de ser bostero y Juan Navajas, antaño en las filas de Cartel Afónico, se hizo hincha del Aurora, cuando el Equipo del Pueblo salió campeón de la copa Simón Bolívar en diciembre del 2002 y él estaba en el Félix Capriles —yo estaba en los aires rumbo a Londres— esa memorable tarde del 5-1 que terminó en noche de bohemia en compañía del Miki Villarroel releyendo un ejemplar de Atar a la Rata, ese palindroma que mi hermano Coco publica cada mes y que —todo es circular, lo vicioso y lo virtuoso— es, nomás, un homenaje a Cortázar. Y parafraseando el título de un cuento de Julio podríamos decir “Queremos tanto a La Maga”, inclusive cuando se cuelga de un techo en Santa Cruz y emprende un blues que es una invitación para jugar rayuela en los adoquines de una plaza pública. Ese lugar de encuentro.

*Fernando Mayorga
es sociólogo.

 

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