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La cabra montés

viernes 06 de marzo de 2009, 20:25h
Actualizado: 09 de marzo de 2009, 11:04h
La cabra montés es una de las especies más emblemáticas de la fauna ibérica. De la familia de los bóvidos, es de complexión fuerte, mayor que una cabra y menor que un ciervo, y posee grandes cuernos.
Machos y hembras se diferencian en la cornamenta, muy desarrollada en aquellos, en los que puede alcanzar hasta un metro de longitud. Sus poblaciones se distribuyen en el Valle de Ordesa (Huesca), Sierra de Gredos (Ávila), Puertos de Tortosa-Beceite (Cataluña) y sierras del sur y este, y también en la Sierra de Guadarrama.

La cabra montés o cabra hispánica es ya un emblema en España. La Comunidad de Madrid conserva algunos ejemplares en La Pedriza y en Peñalara. El macho, que puede pesar más de 100 kilos tiene una cornamienta grande, sin ramificar, que se desvía ligeramente hacia atrás. En la hembra es pequeña y delgada.

Su pelaje, de color pardo grisáceo por el dorso y blanco por el vientre, varía a lo largo del año. El hocico es algo más corto que en la cabra doméstica. Su color de pelo varía desde el gris parduzco al pardo claro. La presencia de barba en los machos, su mayor corpulencia y la gran extensión de manchas negras, les diferencia de las hembras.

Sus pezuñas, con bordes elásticos y suela áspera, son auténticas 'suelas' antideslizantes que les permiten desplazarse por lugares inhóspitos y paredes casi verticales. Por eso en verano viven en las partes más altas y en los sitios más escarpados.

Son animales básicamente sedentarios que viven en manadas separadas por sexos durante gran parte del año. Se forman familias matriarcales compuestas por hembras y retoños del año anterior, y entre ellos suelen estar muy cohesionados. Los grupos de machos adultos no están tan cohesionados entre sí y vagan de un lado para otro procurándose alimento. Los machos más jóvenes tienen frecuentes disputas entre ellos para determinar su posición en la jerarquía del grupo.

Aunque no migra, realiza largos viajes erráticos durante el invierno. Entre los enemigos destacan los perros asilvestrados y los lobos, aunque estos últimos actualmente ocupan áreas bastante alejadas de los territorios de las cabras montesas. Devora indiscriminadamente cualquier materia vegetal, como hierbas, líquenes, cortezas, brotes y frutos. Con frecuencia lamen la sal que los pastores suministran al ganado.
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