El tema ambiental ocupa un lugar a la vez discreto y trascendente en las elecciones del 2009 en Panamá. Por un lado, ha consolidado su posición como un tema de tratamiento de obligado en los programas electorales. Por otro, ha sido abordado por un número plural de organizaciones ambientalistas en una agenda que sintetiza en sus demandas la cultura ambiental que hoy prevalece en el país. El momento es bueno para una primera comparación.
Así, el programa de gobierno del PRD inserta el tema ambiental dentro de uno de sus cinco ejes estratégicos, el de Crecimiento Económico Sostenido con Generación de Empleo, a partir de una presentación general, cinco objetivos y un número plural de propuestas referidas a una diversidad de aspectos del problema. Los otros cuatro ejes - Desarrollo Humano con Calidad de Vida; Integración de las 3 Panamá; Participación Ciudadana y Modernización de las Instituciones Públicas – mantienen una relación indirecta con el tema.
El programa de la Alianza para el Cambio incorpora el tema ambiental como uno de cuatro ejes estratégicos - Ambiente y Recursos Naturales -, siendo los otros tres el Social, el Económico y el Institucional. Las propuestas relativas a lo ambiental aparecen agrupadas en acápites relativos a Política Energética, Ambiente Urbano, Áreas Protegidas, Conservación de los Bosques Naturales, Ordenamiento Territorial, Producción Más Limpia y Gobernabilidad Ambiental.
Por su parte, la Alianza por el Ambiente de Panamá ha presentado a los candidatos y a la sociedad en general una agenda organizada en cuatro temas – Gobernabilidad ambiental, Sociedad y comunidades sostenibles, Biodiversidad como factor clave para la competitividad, y Economía social y ambientalmente sostenible -, desagregados en 15 subtemas. Dichos subtemas - que van desde los relativos al control social de la gestión ambiental hasta lo relacionado con el ordenamiento territorial y el uso sostenible de los recursos naturales para el desarrollo del país – aparecen a su vez en diversos acápites de los programas electorales.
Los tres documentos coinciden en dar por un hecho que el planteamiento de lo ambiental como problema debe hacerse dentro de una economía orientada hacia el crecimiento económico en el marco más amplio del mercado global. En este sentido, también, todos coinciden en abordar dicho problema en el marco de la institucionalidad vigente desde una perspectiva esencialmente técnica y administrativa, y ninguno lo encara como un problema de política, cuya solución deba pasar por la creación de relaciones de nuevo tipo entre el Estado y la sociedad, acompañada del cambio institucional que ello requiera.
Lo anterior está asociado al hecho de que ninguno aborda el problema ambiental a partir de un verdadero análisis de su origen, de los vínculos que mantiene con los demás sectores de la vida nacional, y de las opciones de solución que se derivan de su evolución. El programa del PRD se limita a presentar una síntesis de la política ambiental del actual Gobierno. El de la Alianza para el Cambio hace referencia a la existencia de una crisis ambiental, atribuye su origen a la falta de una cultura ambiental, y plantea la necesidad de ceñir la política ambiental a la definición de desarrollo sostenible presentada por la Comisión Brundlandt en 1987. La Alianza por el Ambiente, por último, no presenta un análisis de conjunto, aunque en cada uno de los cuatro temas que plantea incluye reflexiones específicas sobre problemas específicos.
Algunas diferencias relevantes aparecen en relación a la labor de la Autoridad Nacional del Ambiente durante la gestión del actual Gobierno. El programa del PRD hace suyos los principales logros obtenidos por esa gestión y propone ampliarlos y consolidarlos. El de la Alianza para el Cambio – de un modo característica en la política panameña - no hace referencia a esos logros, y plantea en cambio llevar a cabo tareas que ya han sido realizadas o están en ejecución. La Agenda de la Alianza por el Ambiente, por su parte, menciona la necesidad de dar continuidad a los logros obtenidos, como parte de un desarrollo institucional calificado de “incipiente”.
Los documentos, por otra parte, tienen importantes áreas de convergencia negativa. Ninguno de ellos, por ejemplo, aprovecha de manera adecuada la información hoy disponible sobre la situación y las perspectivas del ambiente en Panamá. Ninguno, como se dijo, propone una explicación del origen de los problemas ambientales de Panamá correspondiente a la complejidad de los mismos. Ninguno, tampoco, incorpora a los sectores populares como protagonistas de pleno derecho en el desarrollo del ambientalismo panameño, si bien la Agenda de la Alianza por el Ambiente hace referencias a la participación de las comunidades rurales en la gestión de nivel local. Y ninguno hace referencia, tampoco, a verdades incómodas de nuestras relaciones exteriores, como la atención que demanda la contaminación de origen militar generada por las fuerzas armadas de los Estados Unidos en nuestro territorio.
Con estos elementos a la vista, parecería fácil concluir que el ambientalismo panameño se encuentra en una fase incipiente de desarrollo, o que mantiene un acentuado sesgo conservador. Sin embargo, quien conozca la historia de ese desarrollo sabrá que lo planteado en estos documentos – más aun, su misma existencia – revela un progreso singular desde el conservacionismo ingenuo de una década atrás.
Empieza a aflorar, aquí, la verdad que será evidente mañana. Puesto que el ambiente es el resultado de la acción de la sociedad sobre su entorno natural, quien aspire a un ambiente distinto, tendrá que luchar por una sociedad diferente. Y esa lucha sólo tendrá éxito en la medida en que el ambientalismo de los profesionales de clase media se encuentre con el de los pobres, que reclaman por todos los medios a su alcance las condiciones ambientales indispensables para una vida buena y digna. Este es el problema que encara nuestro ambientalismo a partir de aquí. El modo en que sea resuelto – o no – definirá lo que el futuro nos depare.