Zapatero ha enviado a un exilio dorado a algunos de quienes, de una u otra manera, le incordian:
Jordi Sevilla fue el primero,
Ramón Jáuregui, que no se llevaba demasiado bien con su ‘jefe’ José Antonio Alonso, en el grupo parlamentario, el último. A Europa, con Jáuregui y con
López Aguilar, irá también
Magdalena Alvarez, la ministra más polémica e impopular, que sale abrasada del gobierno. Para la Secretaría de Estado de Iberoamérica, un peso pesado de la diplomacia:
Juan Pablo de Laiglesia, que tendrá que enfrentarse a la celebración del bicentenario de la independencia de las naciones de América Latina. Un acierto, sin la menor duda. ¿Y como ‘número dos’ del superministerio de Economía? Se habla bastante de Inmaculada
Rodríguez Piñero, responsable de economía de la ejecutiva del PSOE, persona preparada y dialogante, pero de escasa proyección pública –ya tiene bastante la que podría ser su jefa,
Elena Salgado--. Pero, claro, el nombre de esta diputada socialista es apenas un rumor y como tal debe tomarse por el momento: ya se sabe que a ZP le encantan las sorpresas.
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ZP ha rejuvenecido sensiblemente la dirección del grupo parlamentario, sustituyendo a Jáuregui, de sesenta años, por el joven
Eduardo Madina, 33 años, idolatrado por sus compañeros de escaño y con el aura de víctima del terror de ETA. Pero es un hombre de partido –lógico en este puesto--, como lo sería Rodriguez Piñero, como lo son
Blanco,
Trinidad Jiménez y, desde luego,
Chaves. Que Salgado,
Gabilondo y
González Sinde no tengan carné no desvirtúa el hecho de que es el PSOE el que toma, por voluntad de Zapatero y de ningún otro –a ZP no hay quien le tosa--, las riendas del poder.
Muchas veces hemos dicho aquí que se ha perdido una oportunidad de tender una mano a la oposición y llegar a pactos de gran altura. Parece la mejor receta para procurar que la ciudadanía recupere la confianza y el optimismo, ingredientes básicos y necesarios para salir de la crisis económica y moral en la que la sociedad española se halla sumida. ¿Estamos aún a tiempo de remendar el error? Cada día parece más difícil; es la hora del partido, y no de la concordia, y puede que las urnas acaben pasando factura a Zapatero por esta ‘movida’ en la que hay aciertos –a nuestro juicio, la designación de Elena Salgado—y también errores de bulto, como algunas veces hemos tenido ya ocasión de subrayar. El mayor de estos errores reside en el fondo de la remodelación, que mira hacia sí misma en lugar de abrirse al exterior. Pero, en fin, aunque no creemos en los ‘cien días de gracia’ que tradicionalmente se piden para todo gobernante que llega –tres meses largos son mucho, con la que está cayendo--, sí aguardaremos a ver si las siguientes ‘movidas’ de ZP se orientan en sentido más positivo.
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