Al escribir este artículo, el miércoles, se gestaba otro cerco para el cual todas las embajadas acreditadas probablemente reservaron ubicación. Manifestaciones que chicote en mano pretenden instaurar una democracia precolombina (sic), no se ven todos los días. Estoy seguro de que una descripción pormenorizada del evento la leerían sus gobiernos con justificada curiosidad.
Las “milicias sociales” estaban listas para asediar al Congreso y blindar el proyecto que regiría las elecciones de diciembre. Lo dicen sus dirigentes. La última vez que llegaron allí, encabezadas por el presidente Morales y ante los ojos húmedos de emoción de los representantes de Unasur, dejaron el lugar una calamidad. Ahora están convencidas de que conseguirán una ley que echa al suelo conceptos básicos del texto constitucional que el propio Gobierno logró aprobar en enero. Un estudio del Senado que circula en la red exhibe un sinnúmero de contradicciones con la nueva CPE. Pero, qué va, si hay algo ilegal, ahí estarán los abogados para legalizarlo y redondear el cuadrado.
Ocurre, sin embargo, que el mar está picado. El viernes 3 de abril empezó un movimiento para torcer el brazo de quienes defienden el actual Padrón Electoral. No hay analista independiente o politólogo serio capaz de jugarse por ese padrón, asediado por denuncias de irregularidades. Basta leer los informes de Jimena Costa, una de las más sólidas analistas bolivianas, o haber visto los programas de Carlos Valverde (Sin Letra Chica) para percibir la magnitud de las brechas de ese padrón. Si también sirvió a gobiernos anteriores, eso no es fundamental. (Es como la argucia infantil de “él también lo hizo”.) Lo importante es que la ciudadanía, que ha adquirido mayor conciencia sobre sus derechos, tenga una certidumbre razonable de que su voto será respetado.
Los cívicos cruceños propusieron en la misma fecha una “iniciativa ciudadana” para que, con el apoyo de 500.000 firmas a recolectar, el Congreso ordene levantar un nuevo padrón. No está claro por qué la iniciativa incluyó un planteamiento plebiscitario sobre el padrón, pues si se lo impugna, ¿cómo al mismo tiempo acudir a un pronunciamiento basado en aquel padrón?
Lo preocupante es que este episodio se suma a otros que hacen de Bolivia un barril de pólvora política (y económica, con el valor y el volumen de las exportaciones en picada). Por lo leído estos días, se avecina una definición de las gestiones con Chile para una salida al mar. Bachelet saldrá pronto de la escena. Su sucesor en las elecciones de fines de este año quizá venga de filas conservadoras. Si la propuesta Morales-Bachelet se asentase en ex territorios peruanos, probablemente será vetada por Perú. (Morales está alejado del aliado de la guerra del Pacífico, en un distanciamiento centrado en el exceso de calorías del presidente Alan García). Estaríamos rumbo a fojas cero, con el artículo 267 en la nueva CPE, que ignora la demanda boliviana y pretende poner sobre la historia de hace 130 años un manto de olvido. Como dicen en Venezuela, perderíamos “el chivo y el mecate” (soga y cabra). No tendríamos más un aliado en Perú, sino a un vecino resentido. Chile quedaría frotándose las manos, pues constitucionalmente Bolivia olvidó sus tesis reivindicatorias y le quitó un problema centenario de encima. Peor: Bolivia estará más sola que nunca. Brasil no es más un cliente asumido para el gas. Argentina lo compra de otras latitudes. EEUU tiene a Bolivia de espaldas. Sus aliados circunstanciales están allende fronteras: Venezuela, Nicaragua, Cuba e Irán. Parece una situación camino a un jaque mate geopolítico.
* Periodista
haroldolmos.wordpress.com