Analizando la encuesta del CIS correspondiente a abril se pueden hacer algunas consideraciones muy claras y evidentes: primero, cae el índice de confianza en
Zapatero, que vuelve a ser suspendido por los españoles (4,43 sobre 10), pero se derrumba el de
Rajoy (3,54 también sobre 10). El dato merece una reflexión, porque es evidente que ocurre algo para que la ‘simpatía’ a Zapatero disminuya tan lentamente pese a la gravedad de la crisis económica y que el paro se haya disparado a más de cuatro millones y, en cambio, la popularidad de Rajoy se mantenga inalterablemente en suspenso, pero por debajo de
Rosa Díez (4,28) y del catalanista
Durán i Lleida (3,89) y sólo unas décimas por encima de
Cayo Lara (3,31), que acaba de ‘aterrizar’, como quien dice, en Izquierda Unida.
Segunda consideración, que remarca más la primera: que eso está ocurriendo mientras que el Gobierno suspende casi en pleno: por suspender, suspende hasta el ministro del Interior,
Alfredo Pérez Rubalcaba (4,93 sobre 10), pese a sus indudables éxitos en la lucha contra ETA. Vamos, que de hecho sólo aprueban –por este orden- la ministra de Defensa,
Carme Chacón (5,06), y la vicepresidenta primera,
María Teresa Fernández de la Vega (5,02).
Dado que suspende por nuevo mes consecutivo Zapatero, dado que suspende nuevamente la casi totalidad del Gobierno –incluyendo, naturalmente, los ‘Ministerios económicos’, ¿por qué no crece Mariano Rajoy, por qué suscita más confianza el hombre que debería despertar el ansia del cambio? Ésa es una de las grandes cuestiones.
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Tercera consideración: el voto directo y la estimación de voto. Sabemos que el voto directo –aquel partido que dicen los encuestados que van a votar efectivamente- no vale, dado que no se cuenta con la variable de que la gente no dice siempre la verdad, que es un voto que se manifiesta en momentos de enfado o de pasión o el hecho de que muchos ocultan que votan al PP. Aún así, es conveniente examinar el dato del CIS: el 29,3 % de los encuestados responde que votará sin duda al PSOE, mientras que sólo el 23 % dice que lo hará de forma directa al PP. Si tuviéramos en cuenta este dato, el PSOE ganaría las elecciones por 6,3 puntos sobre el PP.
Es evidente que el dato no es real, y el CIS ‘cocina’ el barómetro teniendo en cuenta las variables arriba citadas y otras. Total que la estimación de voto que sale de las ‘cocinas’ del CIS da un resultado de 40,8 % al PSOE frente a un 40 % al PP. Parece casi un empate técnico –aún así no sería suficiente, dado el nivel de desgaste del Gobierno y, naturalmente, del partido que lo sustenta-, pero no. Debemos tener en cuenta los resultados que en este punto arrojaba el Barómetro del CIS de enero de este año: 39,7 % para el PSOE frente a 39,5 % del PP.
Eso sí era un empate técnico que presagiaba que el PP se hallaba en la curva ascendente, frente a la descendente del PSOE. Además, el Barómetro de octubre de 2008 el empate sí que era real: 39,7 frente a 39,7. Es evidente que PSOE y PP suben, pero lo hacen más los socialistas que los populares. La pregunta es obvia: ¿Qué está pasando aquí? Una de dos, o a la ‘cocina’ del CIS le sobra ‘optimismo’ –por decirlo suavemente- o los dirigentes del PP no encuentran en su GPS el camino a La Moncloa.