Precedido por la censura que le costó la participación de su Palacio de verano en el festival en 2006, el director chino Lou Ye llegó a Cannes con Noche de embriaguez primaveral, una trágica historia de amor entre dos hombres jóvenes, que el director narra con una curiosa mezcla de dureza y ternura descarnadas, y que rodó con capital francés, luego de que las autoridades chinas lo penalizaron con cinco años sin poder rodar.
Esta declinación especial de Jules et Jim, filmada en la ciudad de Nankin con actores formidables, un tono underground años 70, escenas de sexo crudas filmadas muy de cerca con una cámara digital pequeña, permite visitar una China diurna poco vista, urbana, joven, moderna, también las nocturnidades de clubes gays y discotecas punks.
La segunda película presentada fue Fish Tank, de la directora inglesa Andrea Arnold, quien fue ovacionada por esta nueva inmersión en las barriadas populares, en este caso de Essex, de fábricas abandonadas a orillas del Támesis.
La protagonista es una adolescente de 15 años, mal encarada y violenta, que lleva mal su relación con su madre, su hermana y sus amigas. Hasta que un hombre se instala con su madre y convulsiona su vida.
Al programar dos películas carentes de argumentos glamorosos, la dirección del festival estaba consciente de que el show se lo robaría el cineasta estadounidense Francis Ford Coppola, quien con Tetro vuelve a uno de sus temas dilectos: una historia con sesgos de tragedia griega, la de una familia signada por la fatalidad y la traición, suerte de Atridas italo-argentinos, que se ganó una estruendosa ovación.
El director eludió que su pe-lícula fuera autobiográfica con una fórmula que, por humorística, no es menos rotundamente cinematográfica: "Nada de lo que ocurre en la historia es real, pero todo es verdad", dijo.
Tetro narra el reencuentro de dos hermanos, hijos de un padre autoritario (Klaus Maria Brandauer), director de orquesta que dejó Argentina para instalarse en Estados Unidos. El joven Bernie (el debutante Alden Ehrenreich) busca en Buenos Aires a su hermano mayor (Vincent Gallo), que rompió sus lazos con la familia diez años atrás y vive allí con su compañera (Maribel Verdú).
La historia transcurre en tres niveles de narración, la acción real, filmada en blanco y negro, los recuerdos y representaciones teatrales y de danza que remiten a la historia. En estos dos últimos, el director recurre al color. Los tres niveles van trenzando los hilos de la historia, revelando paulatinamente los dramas y los secretos de una familia