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El voto de doble filo

El voto de doble filo

martes 09 de junio de 2009, 18:22h

Gracias a la nueva ley electoral la oposición podría ser mayoría en la Asamblea Nacional

Cualquiera podría pensar que hacerle críticas a la oposición, en un momento esperanzador como el que se vivió ayer, con el anuncio de un nuevo esfuerzo unitario, resulta injusto, apresurado y hasta poco noble.

No obstante, hay realidades a la vista que no pueden dejarse pasar por alto porque en el tema de la ley de procesos electorales tanto dirigentes como partidos e incluso ONGs han mostrado una unanimidad que resulta difícil encontrar cuando se trata de otros temas. Y la unanimidad se saluda cuando se logra en torno a posiciones que permitan el avance y el crecimiento, en este caso, de una alterativa política. Pero cuando esa unanimidad se funda en una equivocación capaz provocar un retroceso, lo mínimo que se puede hacer es llamar la atención sobre ella.

Obviamente el proyecto de ley electoral que se cocina en la Asamblea Nacional es el colofón de la idea, dentro del oficialismo, de que será mayoría en todos los torneos electorales porque confía en que la oposición continuará débil y fragmentada.

Sin embargo, tampoco confían en ellos mismos y en el texto se pone en evidencia el temor de que esa mayoría sea demasiado precaria. Por eso el sistema adoptado permite que una diferencia pequeña se convierta en una grande a la hora de contabilizar los resultados y proclamar a los ganadores. Quieren seguir dominando como antes, pero con muchos menos votos y eso es un síntoma de debilidad.

Algo parecido ocurre en la oposición porque el rechazo unánime a la ley reflejaría un complejo de inferioridad que haría pensar al menos avisado de los electores cómo, ya de entrada, la oposición se siente perdedora y por eso defiende ardorosamente la mal denominada "representación proporcional de las minorías". Todo lo contrario, si en realidad existe una verdadera voluntad unitaria y por consiguiente la concentración de un gran esfuerzo organizativo y movilizador que permita incrementar el 45% que se obtuvo el 15 de febrero, no habrá que temerle a las trapisondas chavistas. Todo lo contrario, se les agradecerá la trampa en la cual puede terminar cazado el cazador y la oposición con una ventaja que jamás soñó tener en la Asamblea Nacional.

Pero si se continúa con la cantilena de siempre, inútil además, porque no hay manera de impedir la aprobación de la ley, ni los mismos votantes de oposición se sentirán llamados a participar y verán con escepticismo, aun cuando eso no sea así, los esfuerzo por articular un gran movimiento.

La unidad debe empezar por aceptar el reto, asumiéndolo como una oportunidad, pero también desechando los lamentos y reivindicando la confianza en un sólido apoyo popular, la seguridad de que se tiene la razón en la lucha política y sobre todo la convicción de que se va a a ganar clamorosamente. De lo contrario lo único seguro será la derrota.

rgiusti@eluniversal.com


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